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jueves, 9 de junio de 2011

MARASSA: BYE, DOCTOR MUERTE

POR.- LA REDACCIÓN

El viernes tres de junio de 2011, Jack Kevorkian, el patólogo retirado que se hizo famoso por ayudar a decenas de personas enfermas a suicidarse, murió en un hospital de Detroit a los 83 años.

Por sus prácticas, Kevorkian suscitó un intenso debate y terminó en prisión acusado de homicidio y fue llamado Doctor Muerte

Kevorkian mismo había dicho que asistió a 130 personas a que pusieran fin a sus vidas de 1990 a 1999.

Kevorkian murió a las 2:30 de la mañana en el Hospital William Beaumont, en Michigan, dijo su amigo cercano y abogado prominente Mayer Morganroth.

Kevorkian estaba hospitalizado desde mayo debido a que tenía neumonía y problemas renales.

No ha sido determinada la causa oficial de la muerte de Kevorkian, aunque esta posiblemente será trombosis pulmonar.

"Lo había visto antes y estaba consciente", explicó Morganroth, quien agregó que ambos conversaron sobre la próxima alta de Kevorkian del hospital y había planes del inicio de una rehabilitación.

Las enfermeras habían puesto música del compositor Johan Sebastian Bach, la favorita de Kevorkian, antes de que éste falleciera.

Kevorkian fue liberado de una prisión en 2007 después de que cumpliera ocho años de una condena de entre 10 y 25 años acusado de homicidio en segundo grado.

Los abogados de Kevorkian decían que éste sufría de hepatitis C, diabetes y otro problemas de salud.

El médico había prometido en declaraciones juradas que si se le dejaba en libertad, no asistiría a persona alguna para que se suicidara.

En 2008, el médico se postuló como candidato independiente al Congreso, captó apenas 2,7% de los votos en el distrito suburbano de Detroit.

A partir de su experiencia política mostraba que el sistema de partidos era "corrupto" y "precisaba un cambio de arriba abajo". Su vida fue el tema de la cinta "You Don't Know Jack" que la HBO difundió en 2010.

Por su interpretación de Kevorkian, el actor Al Pacino ganó los premios Emmy y Golden Globe.Pacino rindió tributo a Kevorkian en su discurso cuando recibió el Emmy e hizo un reconocimiento al doctor, quien sonreía sentado entre el público. Kevorkian para entonces ya había adquirido fama mundial.

Kevorkian era conocido como el "Doctor Muerte" debido a su fascinación con ésta.

Kevorkian saltó a la notoriedad en 1990 con su "maquina del suicidio" casera que había montado en una vieja camioneta Volkswagen de su propiedad.

En esa ocasión inyectó drogas letales a un paciente que sufría Alzheimer y que había solicitado que lo ayudara a morir.

Kevorkian eludió durante casi una década las acciones de las autoridades para detenerlo en sus prácticas. De los primeros cuatro juicios en su contra, Kevorkian fue absuelto en tres y el otro proceso fue anulado.

Evadiendo la censura o la exaltación de la peculiar trayectoria del Doctor Muerte, el deceso cierra otro capitulo de la lucha contemporánea por el derecho del individuo a decidir cuándo retirarse de este mundo.

Pocos, muy pocos, seres humanos desean dejar al ciclo biológico natural hacer el trabajo sucio y contemplar el deterioro de la vida, dentro de una ancianidad prolongada, expuesta a los terribles males del ocaso.

Pronto se hará impostergable retardar la reglamentación de la Eutanasia como una opción indispensable en el respeto la dignidad humana.

domingo, 30 de enero de 2011

MARASSA: MI VIDA SIN CONSUELO

POR.- ANA LAURA DOMÍNGUEZ E.

El consuelo de mi vida, se ha ido para siempre. Ahora sólo busco en cada uno de los rincones de la vieja casona, lúgubre y vacía, los restos de su bella época, de sus gloriosos días, pero un dolor avasallante e implacable que me oprime el pecho y me ahoga el alma, me nubla el sentir real y me lleva entre penumbras por un laberinto de sentimientos que parece no tener salida, o por lo menos, no la puedo encontrar aún. Ése dolor que es natural y que se acrecienta y ensombrece con el sufrimiento adjudicado por placer, es ahora un verdugo enmascarado que no puedo o no quiero reconocer.

No logro consolarme por haberla perdido. No logro tener consuelo, porque se lo llevó hasta con su nombre.

Ese consuelo que me dio tanto, desde el día que nací.

Mi consuelo me cuidó en salud y enfermedad… en mi infancia, en mi niñez, en mi adolescencia, en mi adultez y “supuesta” madurez.

Mi consuelo conocía mis más íntimos secretos, mis gustos, mis disgustos, mis traumas y frustraciones. Mis amigos, mis enemigos… no había nada que mi consuelo no conociera y no compartiera conmigo y los míos.

Fue mi apoyo, mi bastión, mi cobijo… mi salvación.

Me enseñó a crecer… y crecer duele. Me enseñó a vivir… y la vida es tan injusta con la muerte misma, pero no puede existir la una sin la otra.


CONSUELO LARIOS CANTÚ

30 de junio de 1920 – 9 de enero de 2011

TITA… mi abuela… mi segunda madre. Mi Consuelo eterno.

La vida de Consuelo Larios, fue una vida, para muchos, tal vez común, o más y mejor que eso, una vida como la de tantos y tantas en este mundo.

Hija “natural”, “ilegítima”… fuera del matrimonio y de los cánones sociales. Buen chiste para aquella época; común y corriente para los tiempos actuales. Consuelo, media hermana de Adoración, Esperanza y Caridad Larios. En su nombre llevaron la penitencia las hijas del “General” Manuel Larios Trillo (o por lo menos eso dijo ser); uno de tantos revolucionarios perdidos y olvidados de la pluma de los escritores de antaño. Con mucha pena, y sin gloria.

Consuelo: Maestra normalista por obligación y costumbre familiar. Casada con un maestro normalista. El abuelo Gustavo era toda una eminencia, un “catedrático” un… todo creían que era un buen hijo, pero resultó ser un hijo de la…

Mi abuela sorteó todas las dificultades de la época, y las típicas de una madre “soltera” (sin serlo). No había traba alguna que pudiera detenerla. Tuvo tres hijos maravillosos… y de esos hijos, dos nietos (entre otros tres que no entran a concurso), pero que constantemente vio por ellos.

Una mujer que pese a todo… siempre se mantuvo firme, dándole casa, comida y sustento, a toda su familia.

En su vida se rompieron las leyes “de la naturaza”… vio morir a dos de sus tres hijos. Primero al menor: Gustavo, de 34 años y 20 años después… vio partir a la mayor, de 65 años. La de en medio, “el sándwich”… mi madre, estuvo con ella hasta su último suspiro.

Fue una larga y dolorosa agonía, que definitivamente no merecía... y no por ser mi abuela, sino porque no la merece ninguna persona.

Consuelo ya no conocía a nadie. Ni a su hija, ni a sus nietos… no sabía dónde estaba, solamente sabía quién era y repetía una y otra vez, todo lo que había sufrido en su vida. Pedía partir. Su memoria y sus recuerdos… se esfumaron para siempre, dejando atrás todo lo bello que hizo, todo lo maravilloso que tuvo y que ella misma creó y procuró.

La persona que estaba postrada en aquella cama… ya no era mi abuela, mi Tita… mi Consuelo me había dejado desde hacía varios años.

Fueron muchas las noches y los días que le pedía a DIOS que viniera por ella. Esas mismas súplicas debieron llegarles a mis tíos Gustavo y Chelina, para que vinieran por su madre.

Cuidado con lo que pides… se te puede cumplir.

El 9 de enero del 2011, no murió mi consuelo… no murió mi Tita, mi abuela… murió la decrepitud del cuerpo… murió el sufrimiento, el dolor, el cansancio de 90 años.

Lo mejor y más grande de mi vida, fue tener a esa gran mujer como abuela. Lo peor de mi vida, fue ver su decadencia, sin poder hacer nada, sin poder detener el tiempo y conociendo de antemano el desenlace. Ahora, sólo puedo detenerlo en mi memoria, en mi alma, en mi corazón; recordándola como una mujer triunfadora; recordando todo lo bueno que me dio; recordando día a día que todo lo que soy… se lo debo a ella; recordando sus años gloriosos, sus momentos divinos. Ya no busco en los rincones de la casa… busco en mis recuerdos…

Descansa en paz Tita… siempre, hasta mi último suspiro, estarás acompañándome a cada paso que dé.


Hasta hoy pude escribir… lo peor, es que hasta hoy pude realmente llorar y vaciar las tripas.

domingo, 18 de julio de 2010

MARASSA: DOÑA OLGA GUILLOT

POR: RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Olga Guillot, la reina indiscutible del bolero cubano, murió el lunes 12 de julio de 2010 a causa de un infarto en el hospital Mount Sinai, ubicado en Miami Beach, Florida, a los 87 años de edad y sin haber cumplido su sueño de cantar en el “Tropicana”, el legendario centro nocturno de Cuba, otra vez ante un público libre y dedicar una canción a Fidel Castro.

A las generaciones menores de treinta años, Olga Guillot nos les representa nada, a lo mucho, las canciones que escuchaba la abuelita o algún desliz nostálgico de los padres.

Sin embargo, el legado de la cantante es insuperable en cuanto a la tesitura única de su voz que supo empalmar perfectamente con la afectación propia del bolero, siendo la primer mujer cubana en grabar en acetato una canción fundamental del género, “Miénteme” a mediados de los años cuarenta.

Desde entonces, “La Guillot”, como se le reconocía respetuosamente tuvo una trayectoria pletórica de éxito, sólo comparable a la de Celia Cruz, la Diva de Divas de la música de la Isla.

Al igual que todos los cantantes, doña Olga tuvo en “Tú me acostumbraste”, la rúbrica de su arte, a pesar que al compositor Frank Domínguez, la manera de cantar de la dama no lo pareció adecuada para su composición. Sin embargo, la gente apostó por la señora y el bolero quedó en su posesión legítima de ser la interpretación definitiva.

Como tantos cubanos y cubanas, Olga Guillot dejó Cuba en 1961 y sin jamás renegar de la tierra y su pueblo, desde donde estuviera, mantuvo una postura firme en pro de la causas democráticas que demandaba la supuesta población agradecida del “castrismo”.

En México, Olga Guillot residió muchos años, adquiriendo el vínculo especial que histórico tenemos los mexicanos y los cubanos, quizás, para sabernos tan cercanos, no en balde el puerto de Veracruz arquitectónicamente es semejante a La Habana Vieja.

Una de las múltiples anécdotas que le ocurrieron fue la de haber creído e impulsado la carrera de José José, en los días que era un talento en potencia; otra la expuso Agustín Lara, compositor cursi excelso, que sentenció: “Después del cielo, Cuba, después de Cuba, Olga Guillot”.

Procreó una hija, Tania María Touzet, que heredó una voz buena para el canto, pero que por esas razones que uno no se explica a bien, no logró integrar una carrera cercana a la de su mamá.

Movido por la curiosidad y el tránsito del tiempo, descubrí a Olga Guillot en mis primeras bohemias universitarias y de ahí me enganché a los excesos melodramáticos de la señora y en varias ocasiones su canto acompañó mis primeras rupturas amorosas y alentó en mi imaginación las mujeres ideales que merecieran esas palabras, esas netas.

Sin caer en la nostalgia barata o el retro de pose, el fallecimiento de doña Olga Guillot cierra un libro en la historia de la canción popular de nuestra América y merece, de menos, una plegaria por esa alma intensa que nos dio tanto a través de su don.

“Yo soy muy visceral, muy emocional, muy temperamental, es lo que es Olga Guillot, eso es lo que me hace sentir que vibro con lo que hago. Me gusta lo que yo hago. Yo vivo enamorada de lo que hago y le doy todo los días las gracias al Señor porque me dio una voz para que yo sea feliz y hacer feliz a mucha gente”,

Sí, Señora, usted nos acostumbró a todas esas cosas que son maravillosas y que se evaporan en su ausencia.

jueves, 24 de junio de 2010

MARASSA: A KISS IS JUST A KISS?

POR:EL DODO DE ANTAÑO

NOTA: Favor de leer el siguiente artículo escuchando "As time goes by" que es la segunda canción de nuestro ipod.




El domingo 20 de junio de 2010, a los 91 años de edad murió, Edith Shain, la famosa enfermera, quien diera el célebre beso en la boca a un marinero en Times Square, Nueva York, y que simbolizó el final de la Segunda Guerra Mundial para los Estados Unidos.

Alfred Eisenstaedt fue el fotógrafo que capturó el instante preciso de esa caricia el 14 de agosto de 1945, día en que Japón se rindió a los Estados Unidos.

Sin embargo, no fue hasta la década de los setenta, del siglo pasado, que la mujer de la fotografía pudo ser identificada, sin embargo, a la fecha, la identidad del marinero sigue cubierta con un halo de misterio pues muchos han sido los candidatos, pero nadie ha aportado pruebas contundentes de ser él.

Edith Shain nunca estuvo segura de quién la besó, simplemente, fue algo que ocurrió y que fue fotografiado para la Revista Life que le dio la inmortalidad.
En retrospectiva, Shain admite que jamás se le ocurrió pedirle el nombre o el teléfono al efusivo combatiente. De haberlo hecho, la historia pudo haber sido diferente.

Edith Shain, convertida en un ícono reconocido de una época gloriosa de los Estados Unidos, en vida contribuyó en diversos homenajes a favor de esa generación de estadounidenses que hizo posible el nacimiento del mundo tal y como lo conocemos.

Por supuesto que, por motivos altruistas, Edith Shain reconstruyó el entrañable beso que hoy figura en las memorias gráficas especializadas en aquel conflicto bélico.

Más allá del valor artístico y estético, la imagen tiene algo superior; ese dejo de esperanza en el futuro, donde el amor y la paz pueden encontrar refugio, lejos de la destrucción de la barbarie y la vida.

“As time goes by”, canción tema de la película Casablanca, mi filme favorito de todos los tiempos, en su letra que un beso es un beso; en el caso del de Edith Shain, me pregunto si no hay besos que son algo superior, algo que no se puede expresar con palabras y que se necesita de las bocas para hablarle a la intimidad de los seres humanos.

Shain no fue un premio Nóbel o la cronista de una ciudad desquiciada; fue una mujer que unió sus labios a los de un hombre en una de las ciudades más famosas del mundo para perpetuar el renacimiento de un mundo en ruinas, en el que los corazones de hombres y mujeres, a pesar del desastre, supieron hallar un sentimiento.

Por eso, por esa humanidad, merece estar en la historia y en nuestra memoria.

lunes, 21 de junio de 2010

MARASSA: DE UN HIJO SIN PADRE

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Me agradó leer en las redes sociales los mensajes y las felicitaciones de los hijos a sus padres. Fue contemplar, desde fuera, una felicidad que yo no conocí. Quizás por ello el “Día del padre” para mí es un ideal; una especie de bendición que algunos les toca y a otros simplemente se les menciona.

He contribuido a la formación de personas a través de la educación y el trabajo, y en cierta medida tengo en Silvia, Jorge y Alejandro, un trío de “hijos adoptivos” que me han hecho ver mi suerte y que los amo como supongo un padre debe hacerlo. Asimismo, como si fuera producto de un primer matrimonio, está Frank, quien cada vez que me dice padre me pone la piel de gallina. En eso la vida ha sido buena conmigo. Tal vez uno de estos días me enteré que formarán un hogar y tendrán hijos, volviéndome en una especie de abuelo ye-ye que, por sentado, será aliado de sus nietos, qué demonios.

Sin embargo, no quiero dejar pasar la ocasión para que los DODOFANES y los DODOLECTORES, padres e hijos, recuerden que la vida es un regalo que se brinda, pero no es una esclavitud sanguínea. Los padres deben entender que el vínculo es eterno, sin embargo, los hijos son libres. No pueden vivir en ellos, una prolongación de su existencia. El ser humano nace libre para no ser encadenado con las peores cárceles: la culpa y el chantaje sentimental.

He seleccionado dos textos ajenos que dicen en forma exacta a lo que me refiero. Lean y mediten.

TUS HIJOS NO SON TUS HIJOS

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos de la vida,
deseosa de sí misma.

No vienes de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus sentimientos,
pues ellos tienen sus propios sentimientos.

Debes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellas viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti.

Porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

Gibrán Jalil Gibrán



LO QUE PIENSA UN HIJO DEL PADRE

A los siete años:
Papá es un sabio, todo lo sabe.

A los catorce años:
Me parece que papá se equivoca
en algunas cosas de las que dice.

A los veinte años:
Papá está un poco atrasado en sus teorías,
no es de esta época.

A los veinticinco años:
El viejo no sabe nada...
está chocheando decididamente.

A los treinta y cinco años:
Con mi experiencia,
mi padre a esta edad, hubiera sido millonario.

A los cuarenta y cinco:
No sé si ir a consultar este asunto con el viejo,
tal vez pueda aconsejarme.

A los cincuenta y cinco años:
¡Qué lastima que se haya muerto el viejo!,
la verdad es que tenía unas ideas y una clarividencia notables.

A los setenta años:
¡Pobre papá, era un sabio!
¡Qué lástima que yo ya lo haya comprendido tan tarde!

Anónimo

jueves, 20 de mayo de 2010

MARASSA: PONGAMOS QUE HABLO DE MI CIUDAD

PARÁFRASIS DE RAÚL GÓMEZ MIGUEL SOBRE LETRAS DE JOAQUÍN SABINA Y GUADALUPE TRIGO

Allá donde se estampan los caminos,
donde el mar se puede pervertir,
donde regresa siempre el asesino,
pongamos que hablo de mi ciudad.

Donde el deseo viaja en escalones,
un agujero no queda para mí,
qué me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de mi ciudad.

Las niñas ya no quieren ser humanas,
y a los niños les da por convertir,
el mal dentro de un vaso de refino,
pongamos que hablo de mi ciudad.

Los pájaros visitan al geriatra,
las estrellas se olvidan de incumbir,
la muerte viaja en camionetas oscuras,
pongamos que hablo de mi ciudad.

El sol es una estufa de tres ladrillos,
la vida un metrobús a punto de partir,
hay papelinas en el lavabo,
pongamos que hablo de mi ciudad.

Cuando la muerte venga a secuestrarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de mi ciudad.

(Cuando la muerte venga a detenerme,
no me despiertes, déjame dormir,
aquí he vivido, aquí quiero quedarme
pongamos que hablo de mi ciudad.)

Se hundió la chinampa y el lago escondido,
el cenzontle cayó por buscar nido,
el rehilete está harto de girar,
pongamos que hablo de mi ciudad.

Valiente tequila sin jinetes ni riesgo,
cunas de niños podridos,
bosque y castillos pendejos,
pongamos que hablo de mi ciudad.

Monumentos quebrados,
al son de penachos y sarapes veteados,
cantado al desamor,
pongamos que hablo de mi ciudad.

En la lluvia ácida, la piel morena,
desata grietas purulentas,
y sus ojos tristes cierra,
pongamos que hablo de mi ciudad,
de mi ciudad, nuestra ciudad.

domingo, 9 de mayo de 2010

MARASSA: PAQUITO

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Siempre he pensado que los festivales infantiles del Día de las madres son un monumento a la mala leche, el escarnio público y la cursilería atroz.

¿Qué culpan tienen las señoras, después de haber cargado por nueves meses y soportar toda la vida a unos engendros nacidos del amor, para soportar estoicas año tras año los espectáculos alucinantes, organizados por profesoras especializadas en la tortura sicológica y la destrucción de la autoestima ajena?

Como cualquier hijo de vecina, tuve la inigualable experiencia de participar en esos freak shows del Diez de mayo, haciendo gala de mis habilidades dancísticas, retóricas, acrobáticas y cuanta mafufada paso por la mente de mis mentoras.

Sin embargo, de la interminable lista de recuerdos de las torturas perpetradas evocó la de “Paquito”.

“Paquito” es un poema que jamás debió de escribirse, simplemente porque es una oda a la culpa edípica mediante el sucio truco de la madre muerta y una cantaleta moral sobre el de por sí jodido escuincle, que además indirectamente lo acusan de matricida para deleite de las fieles de San Nabor, ejemplificando por omisión el terrible castigo que pende sobre los chamacos traviesos.

No sólo la lectura del pinchurriento poema es en sí una mentada de madre, sino que las herederas del Santo Oficio escolar obligaban a los grupos a memorizar tal patraña y elegían a un desgraciado niño a recitarla a las futuras “cabecitas de algodón” en calidad de “mea culpa” y para que suelten lágrimas de cocodrilo, asintiendo el clásico razonamiento materno “piensa si te me voy”.

¿No me creen?, pues, tengan.

PAQUITO

“Cubierto de jiras,
al ábrego hirsutas
al par que las mechas
crecidas y rubias,
el pobre chiquillo
se postra en la tumba,
y en voz de sollozos
revienta y murmura:
‘Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras’.

Y un cielo impasible
despliega su curva.

‘¡Qué bien que me acuerdo!
La tarde de lluvia;
las velas grandotas
que olían a curas;
y tú en aquel catre
tan tiesa, tan muda,
tan fría, tan seria,
y así tan recula.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras’.

Y un cielo impasible
despliega su curva.

‘Buscando comida
revuelvo basura.
Si pido limosna,
la gente me insulta,
me agarra la oreja,
me dice granuja,
y escapo con miedo
de que haya denuncia.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras’.

Y un cielo impasible
despliega su curva.

‘Los otros muchachos
se ríen, se burlan
se meten conmigo,
y a poco me acusan
de pleito al gendarme
que viene a la bulla;
y todo, porque ando
con tiras y sucias.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras’.

Y un cielo impasible
despliega su curva.

‘Me acuesto en rincones
solito y a oscuras.
De noche, ya sabes
los ruidos me asustan.
Los perros divisan
espantos y aúllan.
Las ratas me muerden,
las piedras me punzan...
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras’.

Y un cielo impasible
despliega su curva.

‘Papá no me quiere.
Está donde juzga
y riñe a los hombres
que tiene la culpa.
Si voy a buscarlo,
él bota la pluma,
se pone muy bravo,
me ofrece una tunda.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras’.

Y un cielo impasible
despliega su curva.”


Valiente cosa. Además de que el protagonista de “Huérfanos, casos de la vida real”, nótese que es güerito y rubio, va por esas calles de Dios, de pena en pena, mientras el cielo y sus habitantes les vale literalmente madres lo que le suceda, el papá tiene a bien recetarle unos trancazos nomás para que no dé lata y se lo cargue el carajo. Total, por repetición, la mamá de Paquito se murió por los corajes que le atizaba el niño por ser desmadroso.

Para acabarla de joder, resulta que el abuelo de Marcia Trejo, Amado Trejo Patraca, fue secretario de Salvador Díaz Mirón, autor de este monstruoso relato, o sea que el mentado Paquito está vinculado al blog por línea de sangre.


Nota.- El DODO SABIO conocedor de las limitaciones idiomáticas de algunos de sus Dodolectores, que aunque hablen español, no lo hacen correctamente, aclara lo siguiente. Jiras se refiera a que la ropa de Paquito está desgarrada; ábrego es un viento templado que viene del sudoeste y que trae las lluvias; hirsuta significa de carácter áspero.

sábado, 8 de mayo de 2010

MARASSA: DOS POEMAS DE DON JOSÉ EMILIO PACHECO

Edades

Llega un triste momento de la edad
en que somos tan viejos como los padres.
Y entonces se descubre en un cajón olvidado
la foto de la abuela a los catorce años.

¿En dónde queda el tiempo, en dónde estamos?
Esa niña
que habita en el recuerdo como una anciana,
muerta hace medio siglo,
es en la foto nieta de su nieto
la vida no vivida, el futuro total,
la juventud que siempre se renueva en los otros.
La historia no ha pasado por ese instante.
Aún no existen las guerras ni las catástrofes
y la palabra muerte es impensable.

Nada se vive antes ni después.
No hay conjugación en la existencia
más que el tiempo presente.
En él yo soy el viejo
y mi abuela es la niña.



Cuento de espantos

Ayer la vi. No me lo van a creer.
Ayer me encontré con ella en el parque
por donde caminábamos a los veinte años.
Está igual que siempre.
En todo caso la muerte
la ha embellecido, la rejuvenece, la hace
adolecer de adolescencia.
Ya no tiene vientidós años,
sino dieciocho a lo sumo.

Quién penetra el misterio
de estos números y estos años,
su más tiempo de muerta que edad viva.
Pero cómo ilumina los dos orbes
y es la estrella
del alba y del crepúsculo:
muchacha para siempre, también sombra
que nunca volverá de las tinieblas.

La vi de lejos y como es natural
me fue imposible dominar el impulso
de acercarme, verla de nuevo, implorarle:
“No sabes cómo te extraño.
No me resigno a perderte.
No te he olvidado”.
Abrí la boca. No pude
pronunciar las menor palabra.
Me congeló la mirada
que sin decirlo decía
“¿Cómo se atreve, señor?
¿No se ha visto al espejo?
¿No hay calendarios?
¿No toma en cuenta
las edades que nos separan?”

Y de este modo yo,
el aún vivo,
me convertí en el fantasma.



Tomados de “La arena errante”, José Emilio Pacheco, Editorial Era, México, 1999.

viernes, 30 de abril de 2010

MARASSA: PEPE TOÑO

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

A los otros niños en el cierre de sus vidas


Pepe Toño es un viejo, que de tan viejo es niño. Un niño que apesta a rayos y vende banderitas de papel higiénico en las calles de Ayuntamiento.

Pepe Toño limpia su cara de mocos y cemente, ofreciendo lástima de un peso y banderita.

A Pepe Toño le vale que el general Morelos no pare penalties en la Copa del Mundo, o que el portero de la Selección Nacional venza españoles en el Estadio Azteca. Pepe Toño es simple, que no figura en las peticiones de aumento salarial de diputados y senadores.

En la noche, Pepe Toño y su vejez le roban el calor a la pared de un horno de panadería.

Pepe Toño sueña con alas y sol, a millones de metros de altura.

Una patada del encargado de la panadería lo hunde en la banqueta. Y Pepe Toño se levanta a la ruina, las penas y las banderitas.

La señora de los tamales, que lo piensa idiota, le regala uno verde como al perro sarnoso que la acompaña.

Pepe Toño no vive tiempos. Está triste. Ningún remedio le diluye la conciencia; ni siquiera las nubes blancas de sus sueños solventes.

Angustiado corre, se impulsa a volar y cae, llorando.

La desesperación lo pone en el Eje Central. La tristeza no cede; reconoce su estado abominable y su inocencia traspapelada en los planes sexenales del error.

Pepe Toño choca con burócratas acarreados. Cien voces lo insultan. ¡Maldito loco! gritan.

A una cuadras de una Secretaría, los granaderos combaten contra comerciantes ambulantes. A palos, cadenas, botellas, dientes y mentadas, los bandos disputan el territorio de la legalidad.

Pepe Toño es absorbido por la reyerta. Un botellazo lo tumba y cae en la retaguardia granadera, que descarga en él toda la enjundia que le es posible. Pepe Toño se hunda en el sueño de alas, nubes blancas y cielo azul.

Un niño caritativo, junta las banderitas de papel del caído y las pone en montoncitos junto al cadáver. Más tarde, a falta de sábanas, un comerciante legal lo envuelve en una bandera desgarrada.

Pepe Toño, en la Morgue, es honrado. Del dedo gordo de un pie pende la etiqueta de desconocido.

En la radio del forense se oye al Presidente decir: “¡Viva los héroes que nos dieron igualdad!”.

miércoles, 28 de abril de 2010

MARASSA: LA CREACIÓN DEL ENEMIGO

No contentos con el tormento al que nos someten nuestros demonios internos, deseamos encontrar fuera adversarios fabulosos que justifiquen las malas acciones. Sin embargo, no estaría de más que cada DODOlector meditará el siguiente texto y llevará a cabo alguna de sus recomendaciones, precisamente para tener el alma en paz y vivir en una sana convivencia social. Sabemos que no es fácil, pero vale la pena intentarlo.

LA REDACCIÓN




LA CREACIÓN DEL ENEMIGO (*)

Comienza con un lienzo en blanco
Esboza en él siluetas de hombres, mujeres y niños

Hunde la brocha en el pozo de tu propia oscuridad
Dibuja en la cara de tu enemigo la codicia, el odio y la crueldad
que no te atreves a reconocer como propias

Ensombrece todo asomo de simpatía en sus rostros
Borra cualquier resto de la miríada de amores, esperanzas y miedos
que residen en el calidoscopio de su corazón infinito

Deforma su sonrisa en una mueca cruel
Arranca la carne de sus huesos
hasta que sólo quede el abstracto esqueleto de la muerte
Exagera cada rasgo humano hasta metamorfosearlo
en bestia, alimaña, insecto

Rellena el fondo de tu lienzo con los demonios y figuras malignas
que alimentan nuestras pesadillas ancestrales

Cuando tu cuadro esté completo podrás matarlos sin culpa y despedazarlos sin sentir vergüenza

Lo que has destruido, simplemente, es un enemigo de tu Dios


Faces of the Enemy,
Sam Keen

Tomado de la traducción incluida en “Contrato con Dios”, Juan Gómez Jurado, El Andén, Barcelona, 2007.

viernes, 2 de abril de 2010

MARASSA: EL PADRE NUESTRO

POR.- EL DODO SABIO

El Padre Nuestro es la oración esencial del cristianismo, por ende, en ella se encuentra la ideología que sustenta el credo de los fieles.

Para el lector, el pensamiento resulta una propuesta de paz y conducta excepcional.

Por considerar de interés ubicar la posibilidad de comprensión desde varios idiomas, aquí transcribimos el texto, siendo el más complicado por antigüedad, el arameo, que fue la lengua que habló Jesús, y que a la distancia suscita ciertas discrepancias en redacción, llevándonos a poner dos versiones cercanas.


ARAMEO

Abbun Dbshmayo
Abbun dbashmayo, netquadash shmokh, titeh;
Malkutock
Nehweh sebyonokh, aykano dbasmayo of baro
Hab lan lahmc dsunquonan yawmono
Washbuq lan hawbayn wahtohayn.
Aykano dofhan shbaqn lhayobayn;
Wlo telan lnesyuno, elo fason men bisho
Metul dilokhi malkuto.
Whaylo steshbuhto lolan olmin.
Amen

ABUNA DI BISHEMAYA
Padre nuestro que estás en el cielo,
ITQADDASH SHEMAK,
santificado sea tu nombre,
TETE MALKUTAK
venga a nosotros tu reino,
TIT'ABED RE'UTAK
hágase tu voluntad
KEDI BI SHEMAYA KAN BA AR'A
en la tierra como en el cielo.
LAJMANA HAB LANA SEKOM YOM BEYOMA
Danos hoy nuestro pan de cada día,
U SHEBOK LANA JOBEINA
perdona nuestras ofensas
KEDI AF ANAJNA SHEBAKNA LEJEIBINA
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
WEAL TA'ALNA LENISION,
no nos dejes caer en la tentación
ELA PESHINA MIN BISHA.
y líbranos del mal.

GRIEGO

Pater (h)emon (h)o en tois ouranois
(h)agiastheto to onoma sou
eltheto (h)e basileia sou
genetheto to thelema sou
(h)ws in ourano kai epi ges
Ton arton (h)emon ton epiousion dos (h) emin
semeron
kai aphes (h)min ta opheilamata (h)mon
(h)os kai (h)meis aphekamen tois opheiletais (h)mon
kai me eisenegkes (h)mas eis peirasmon
alla (h)rusai (h)mas apo tou ponerou
Amin.

LATÍN

Pater Noster,
Qui es in caléis, sanctificetur nomen tuum.
Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in
caelo, et in terra.
Panem nostrum quotidianum da nobis hodie. Et
dimite nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne
nos inducas in tentationem: sed libera nos a malo.
Amen.

ESPAÑOL

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo.
danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

INGLÉS

Our Father, who art in heaven,
Hallowed be thy Name. Thy kingdom come.
Thy will done, on earth as it in heaven.
Give us this day our daily bread. And forgive us
Our trespasses,
As we forgive those who trespass against us. And
Lead us not into temptation.
But deliver us from evil.
For thine is the kingdom, and the power, and the
Glory, for ever and ever.
Amen.

miércoles, 24 de marzo de 2010

MARASSA: FÁBULA DEL PESCADOR Y EL BANQUERO

Recibimos este texto de un viejo amigo de los DODOS y excelente artista fotográfico que toma la pluma para compartir una reflexión crítica de la lindura de pensamiento dominante que tiene México en comparación a los Estados Unidos.

Esperamos que les guste mientras nuestros DODOS reporteros esperan la nota de la regañiza que Hillary Clinton le está poniendo a las autoridades mexicanas por no cuidar el changarro y salir con puras excusas de primero de pre-kinder.

ATENTAMENTE

LA REDACCIÓN


POR.- JOSÉ ALBERTO JUÁREZ MEJÍA

Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito costero mexicano, cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño.

El americano elogió al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó:
- ¿Cuánto tiempo le tomó pescarlos?

El mexicano respondió:
- Sólo un poco tiempo.

El americano luego le preguntó:
- ¿Por qué no permaneces más tiempo y sacas más pescado?

El mexicano dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El americano luego preguntó:
- Pero.. ¿qué haces con el resto de tu tiempo?

El pescador mexicano dijo:
- Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, me echo una siesta; con mi señora, María, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Como ves tengo una vida divertida y ocupada.

El americano replicó:
- Soy un banquero de Harvard y podría ayudarte. Deja te explico… deberías gastar más tiempo en la pesca, con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario, lo podrías hacer directamente a un procesador, eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este “pinche” pueblo e irte a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y eventualmente a Nueva York, donde manejarías tu empresa en expansión.

El pescador mexicano preguntó:
- Pero, ¿cuánto tiempo tarda todo eso?

A lo cual respondió el americano:
- Entre 15 y 20 años.

- ¿Y luego qué?- preguntó el mexicano.

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte.
- Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones; OPV en español) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.

- Millones …y luego qué?- preguntó el mexicano

- Dijo el americano,
- Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, echar una siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo a tomar vino y tocar la guitarra con tus amigos.

De esta fábula se desprende una lección de vida y una forma de comprenderla; el DECRECIMIENTO es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos.

La conservación del medio ambiente, afirman, no es posible sin reducir la producción económica que sería la responsable de la reducción de los recursos naturales y la destrucción del medio que genera, que actualmente estaría por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta. Además, también cuestiona la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar. El reto estaría en vivir mejor con menos.

lunes, 15 de marzo de 2010

MARASSA: UN BIOEPIC A LA MEXICANA

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

La trama es muy sencilla.

Un grupo multidisciplinario de estudiantes de licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional, en las áreas de matemáticas, computación, física, ingeniería genética y biología, desde 2006, compite en el evento IGEM (International Genetically Engineered Machines) organizado por The Massachussetts Institute of Tecnology, desde 2003 y que alcanzó un carácter internacional en 2005.

El certamen IGEM reconoce los avances en Biología Sintética que es un nuevo campo de investigación que combina ciencia e ingeniería. Su objetivo es el diseño y construcción de sistemas biológicos. Existen cuatro ramas de investigación, que representan las diferentes aproximaciones que toman los investigadores dependiendo de su área de procedencia: biología, química, ingeniería e informática.

El equipo UNAM-IPN, fue fundado por el especialista del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, Pablo Padilla Longoria; cuenta con el apoyo de investigadores del Centro de Ciencias Genómicas de Cuernavaca y del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de Irapuato, Guanajuato.

Hasta aquí la historia es común corriente a la de otros proyectos de investigación en el mundo académico. Universidades, docentes y alumnos se comprometen a trabajar duro con la pasión requerida a modo de concluir “algo” medianamente aceptable.

Tres sesiones de trabajo a la semana dieron frutos en los proyectos en el laboratorio durante las vacaciones de verano. Y cerca de 150 mil pesos, entre apoyos de instituciones y colectas de amigos, para su propuesta, cifra inferior a los millones de dólares que lograron los otros competidores.

Turing meets synthetic biology: self-emerging patterns in an activator-inhibitor network comprobó experimentalmente cómo la manipulación de genes a partir de modelos matemáticos y físicos podían ser visibles en un ser vivo.

La relevancia del proyecto es que logró resolver algunas preguntas de biología evolutiva a partir de la propuesta de Alan Turing sobre los patrones en un sistema genético que determinarán las formas, secuencia y color de las rayas de cebras o manchas de jaguares.

La investigación pudo diseñar el comportamiento de una bacteria para producir patrones de manchas en las mismas, cuya aplicación podría generar organismos que detectaran contaminaciones o producir fármacos de nueva generación a precios menos costosos.

Con decisión loable y creyentes de su propuesta, el Equipo UNAM-IPN se presentó a la competencia junto a las mejores universidades del orbe, como Harvard o Cambridge.
El jurado constató el trabajo y decidió otorgarle la medalla de Oro en la categoría de Investigación Básica en Biología Sintética 2010.

El proyecto fue reconocido por su excelente trabajo en laboratorio, la calidad del modelo teórico y la vigencia y trascendencia del proyecto en biología y matemáticas, como aporte a la ciencia.

En pocas palabras, que estudiantes de licenciatura generarán conocimiento y posibilidades reales de tecnología de punta.

Como cualquier película emotiva o bioepic de Hollywood, otra vez el coraje y la confianza personales hacen el milagro de volver las debilidades en fuerza y doblar a los adversarios en el terreno propio.

Luis, Ileana, Eniak, Jesús, Daniel, Gilberto, José, Alín, Román, Francisco y Cristian, jóvenes mexicanos, exteriormente semejantes a los miles de alumnos de los centros de estudios de México, acortaron distancias y simplemente fueron los mejores en un campo, literalmente, sólo para iniciados que llamó la atención de la vanguardia académica internacional.

Sin becas o estímulos rimbombantes, de esos que regala las autoridades a los cercanos y a los parásitos, universitarios y politécnicos dos dieron una lección que el límite, a fin de cuentas, siempre es uno.

lunes, 15 de febrero de 2010

MARASSA: LLORONA

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

¿Quién en sus cabales viajaría a esta hora? Pensó la mujer al descender a la estación desierta del metro.

Ojerosa, despeinada y mal vestida, la “Rumba” cargaba a un bebé de meses y esperaba la llegada del tren.

La sedante música ambiental y la constancia de la soledad dominical le hicieron soltar la lágrima.

Estaba sola.

Embarazada a los quince, por un chambelán de su prima, a los diecisiete, por un vecino acomedido, a los diecinueve, por un trailero viudo, y a los veintiuno un músico de cabaret, la “Rumba” se entregaba al amor y éste no le correspondía.

Cuatro veces trató de iniciar una vida en pareja y las cuatro veces fracasó.

Cuatro hijos de distintos padres y una madre triste.

En el “Oliver” creyó encontrar al hombre definitivo: guapo, cumplidor y alegre. Nada menos que el trompetista principal de la Sonora Estruendo, atracción única del Salón Magenta, un mercado de carne blanca disfrazado de pista de baile.

La “Rumba” se asomó al túnel. Ni para cuando viniera el metro.

El “Oliver” supo llegarle al alma. Un acostón fue suficiente. La “Rumba” volvió a enamorarse.

Escasa de pretensiones materiales, la mujer vivía al día vendiendo chácharas y haciendo favores a las vecinas del multifamiliar, donde la caridad de unos parientes le regalaba un techo.

Las crías crecían a la buena de dios. Pero la “Rumba” deseaba un amor, un compañero que fuera de toda la vida.

El “Oliver” se cambió donde la “Rumba”. Orgulloso nunca quiso que la “Rumba” lo mantuviera y de a poquitos contribuía a la casa.

La rutina era simple. El “Oliver” llegaba del trabajo a las cinco o seis de la mañana, dormía hasta las cuatro o cinco de la tarde, se levantaba y comía para salirse a las ocho de la noche al cabaret.

La “Rumba” se esmeraba. El “Oliver” se dejaba querer.

En cuestión pasional, la “Rumba” no aceptó que el “Oliver” se cuidara. Que ¿te acuestas con alguien más?. A mí me gusta sentirte, le reclamó la mujer la primera vez que el músico se puso un condón.

El bebé empezó a moverse. La “Rumba” le meció suavemente.

Desde los primeros meses de embarazo el “Oliver” se fue alejando de la “Rumba”. No regresaba a la casa. Salía más temprano a trabajar. Los días de descanso palomeaba en otro grupo o se iba a visitar a sus conocidos. Pasaba el menor tiempo posible con la “Rumba”.

La mujer se consolaba convenciéndose que era natural la conducta del “Oliver”, era primerizo.

El niño nació sin complicaciones y el “Oliver” no la recogió de la clínica.

La “Rumba” miró el reloj de la estación. El metro tardaba. Ojalá y los vecinos no me busquen, maquinó.

A regañadientes, el “Oliver” registró a la criatura y unas conocidas de la “Rumba” se cooperaron para el bautizo.

Una semana después el padre abandonó el hogar.

La “Rumba” movió mar y tierra. Acosó, fustigó, golpeó y nada. El “Oliver” le leyó las tres y la mandó al demonio. Nunca había querido un hijo y mucho menos cargar con tres que ni de su familia eran.

La “Rumba” entró en una depresión meca, fea. Descuidó hijos, perdió peso y esa madrugada tomó una decisión.

A oscuras tapó todas las rendijas de los cuartos, apagó los pilotos de la estufa y abrió las llaves gas. Bendijo a los niños y salió con el bebé.

Un vientecito frío le anunció el arribo del tren.

El monstruo naranja emergía de la oscuridad del túnel.

La Rumba caminó a la orilla del andén.

Volvería a empezar, se dijo, y arrojó al niño a las vías.

sábado, 6 de febrero de 2010

MARASSA: CUANDO LOS NAZIS VINIERON

Martin Niemöller (14 de enero de 1892 – 6 de marzo de 1984) fue un pastor luterano alemán que, por formación militar, respaldó la política segregacionista del partido Nazi. En 1933, reaccionó contra Adolfo Hitler por excluir de la iglesia a todo creyente con antepasados judíos. Fundó entonces con Dietrich Bonhoeffer, la Iglesia Confesante que se opuso a la nazificación de las iglesias alemanas. El hombre fue arrestado el 1 de julio de 1937 y condenado el 2 de marzo de 1938 a siete meses de cárcel. Al término de su condena, la Gestapo lo retuvo en los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau hasta 1945.

Niemöller es autor del siguiente poema que alude a la integridad del ser humano en momentos de prueba y es un exhorto a no claudicar por miedo a la confabulación del silencio. Sin embargo, el texto no fue concebido como un poema, sino como un sermón para la Semana Santa de 1946, en Kaiserlautem, Alemania, con el título ¿Qué hubiera dicho Jesucristo?. Por esas confusiones en el mundo de las letras, se atribuye erróneamente a Bertolt Brecht, su composición.

EL ÚLTIMO DE LOS DODOS considera importante traerlo a sus DODOSLECTORES para moverlos a reflexionar sobre la importancia de no quedarnos callado ante ninguna arbitrariedad, so pena que cuando seamos víctimas de alguna, nadie mueva un dedo a favor de nosotros.


Original

Als die Nazis die Kommunisten holten,habe ich geschwiegen;ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,habe ich geschwiegen;ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,habe ich nicht protestiert;ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,habe ich nicht protestiert;ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,gab es keinen mehr, der protestieren konnte.

Traducción

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,guardé silencio,porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,guardé silencio,porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,no protesté,porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,no protesté,porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme,no había nadie más que pudiera protestar


No permitamos a los canallas apoderarse de cuanto somos por la complicidad ver hacia otro lado. Demos la cara y hagamos un cambio.

martes, 2 de febrero de 2010

MARASSA: UNA HISTORIA DE MAR Y AMOR

Por.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Periodista menor, maestro fumado y esposo abandonado, Evodio Gil “quemó sus naves” en la Central Camionera.

En el autobús se sentó en un rincón, sobó un poemario de José Emilio Pacheco y tarareó Eleanor Rigby. Estaba envejeciendo y su existencia adolecía de sentido. Tal vez su mujer no estaba errada en tacharlo de adolescente vegetativo. La mayoría de sus cuates había sostenido hogares, criado hijos y firmado actas de divorcio. Y Evodio en la misma: salario raquítico, colaboraciones en revistas muertas y persiguiendo a todas las mujeres que no le harían caso. Mejor se concentró en Pacheco y no apuntó una coma a la idiota historia de su vida.

Adormilado, babeado y torcido del cuello, Evodio despertó a la mitad del trayecto. Hubiera comprado unas tortas. Joder. Buscó en su valija algo comestible. La dimensión desconocida. Estaba oscuro y no tenía maldita idea en dónde estaba. Se pegó al vidrio de la ventanilla y buscó (albureramente) al coyote cojo. Puras sombras tenebrosas y lucecitas interminables en la lejanía. Inquieto miró al resto del pasaje. Jetones. Volvió a dormirse.

Un enfrenón lo hizo chocar con la parrilla de los velices. Una pinchurrienta vaca obstruía el camino. El chafirete y el cacharpo descendieron de la unidad y a mentadas y empujones movieron al animal. Los viajeros amodorrados intercambiaban miradas al reloj. Evodio sintió crujir su estómago y el espeluznante “clic” que soltó la diarrea desgraciada que lo postró en el water las millas faltantes a la costa.

En el retrete, Evodio pensó en Laura, la trigueña aquella que le movía la hormona y que lo mandó cinematográficamente a la chingada. Y a lo cursi cantó “Nada soy sin Laura, sin Laura”. Le dolía la panza y le ardía el ojete de tanto limpiarse.

Sentadito y recargando su cabecita en la pared del sanitario, Evodio extrañaba imaginariamente el cuerpezote de Laura, el pelo de Laura, la vocecita de Laura y, por defaul, el amor de Laura; perfección humana y dama del “caballero chorrillento calzón en mano”.

Al rayar el sol, el autobús entro a Puerto y lo primerito que vio Evodio fueron unos puerquitos domésticos modelito Vietnam que lo asquearon.

El puerto no desmereció la elección de Evodio y caminó a la playa. En alguna parte había leído que sentir el agua de mar en los pies pelones era casi un orgasmo. Y fiel a su lectura Evodio se descalzó, aventó los calcetines y corrió al agua. N’ombre, tantito metió sus patitas y se percató de su tarugada. El mar estaba helado y el lodo se adhería a las plantas de sus pies igualito que la caca de perro. Dando brincos salió del agua escupiendo pestes.

Y aquí ocurre el milagro. Vayan a saber si por el frío del mar o el estado anímico del sujeto, Evodio contempló la vastedad del océano y exclamó la pregunta metafilosófica del género humano: ¿Qué espectacularidad hay en estar húmedo de las patas?.

Dicho lo anterior, Evodio regresó en friega a la parada de camiones, compró su boleto de retorno y se comprometió a enamorar a Laura y reiniciar su depresión.

No cabe duda, misteriosos son los senderos de Dios.

jueves, 7 de enero de 2010

MARASSA: ESPERANZA

ESPERANZA

Por.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

“A la niña nos la regalaron cuando cumplió el primer año de edad. Un día, así nomás, una vecina vino a decirle a mi mamá que una mujer del Centro andaba regalando a su bebé. Mi madre, como buena cristiana y buena hermana, pensó en mi tía Esther, que no podía tener hijos y que vivía a tres pueblos del municipio. Y ahí vamos, medio arregladas y bien apresuradas.

Yo estaba casada y tenía tres hijos. Mi marido no trabajaba y vivíamos de la caridad de mis padres o de algunos “negocitos” que le salían a Juventino. Sin embargo, trataba de que la familia fuera jalando.

Preguntando aquí y allá fuimos a parar en un hotelucho de mala pinta. Me dio miedo. Dos mujeres solas. El encargado nos dio un número y subimos por una escalera apestosa. Una muchachita nos abrió la puerta. Era flaca y medio feíta.

Despacito nos explicó que aunque quería, en el trabajo estaba mal visto andar cargando escuincles y atendiendo clientes. ¿Clientes?. Hasta esa palabra nos cayó el veinte de que la chamaca era una puta.

Al darse cuenta de nuestras caras de mensas, nos jaló a un rincón de la habitación. En una canastita dormía la bebé. Estaba bien chiquita. N’ombre, mi madre y yo sentimos un nudo en la panza. Luego, luego, mi mamá captó lo triste de la situación y la desgracia que amenazaba a esa criatura si alguien no la recogía.

Creo que la chamaca nos garabateó un papel en que aceptaba regalarnos por su voluntad a su hija.


No hubo lágrimas. La envolvió en una cobija y nos la dio. Se llama Esperanza, acabó.

Como mi papá se había ido a la cosecha del jitomate a California, mi madre arreglaba los asuntos urgentes de la casa y salía mucho. Por eso, mientras la tía Esther era avisada y decidía quedarse con la niña, yo me ofrecí a cuidarla.

Mis hijos, grandecitos y peleoneros, apenas y pelaron a la bebita. Juventino, después de mentar madres y amenazarme con golpes, acepto tenerla en nuestro cuarto, siempre y que mis papás contribuyeran a la alimentación. ¡Pinche cínico!

Me costó reacostumbrarme a los cuidados de una cría. La niña no daba lata, o dormía o veía detenidamente las cosas. Sólo lloraba para pedir de comer. Poco a poco engordó y sus rasgos se fueron definiendo. No era una belleza pero tuvo lo suyo. A su manera llamaba la atención.

Dos semanas después la tía Esther llegó a visitar a la niña y le gustó, pero al enterarse de su origen, no la quiso. Mi madre no le habló durante años.

Quedarme con la niña me costó una golpiza tremenda de Juventino. No me importó.

Había algo en la beba que me conmovía hasta la médula. Supongo que me veía reflejada de alguna manera. Al casarme perdí los buenos recuerdos de mi niñez. El jodido Juventino sacó las garras y me hizo sangrar mi suerte. Mis padres sabían que me daba mala vida y no se metían. Ellos me habían advertido y no les hice caso. Era mi mala decisión.

Al mes la niña enfermó de gravedad. En la clínica le hicieron varios estudios. Una tarde, el doctor habló conmigo. La beba tenía SIDA.

En mi ignorancia le contesté que cómo se curaba. Es fatal, me respondió.

La noticia nos aplastó a mi mamá y a mí. Al saberla, Juventino armó la grande y casi avienta a la niña por la ventana. Yo no sé de dónde saqué fuerzas y que me le voy a los golpes. Juran mis hijos que Juventino apenas y paraba las patadas, mordidas y rasguños que le ponía. No lo dejé. El muy cabrón empezó a gritar. Los policías que me detuvieron declararon que me resistí a la detención y que por poco el Juventino no la cuenta.

Mi madre pagó la multa. Juventino, cobarde y resentido, se largó de la ciudad y no he vuelto a saber de él. No me pesa. Conseguí un empleo que, junto a la ayuda de mis papás, nos sostiene a los cinco.

A pesar de las recaídas, Esperanza cumplirá nueve años el próximo mes. Es raro. No resiste los medicamentos y cada vez que los usa se pone mal. El doctor que diagnosticó el SIDA calculó pocas posibilidades de vida. Ahora imagínese lo que sería sin medicinas.

Yo pienso que esta niña vive de amor. El amor de la entrega total. El amor del hoy por hoy sin contemplaciones. No me lo explico de otra manera. Hemos luchado y no nos rendimos. Sabemos que se va a ir en cualquier momento. Por ello, nos esforzamos para disfrutarle y agradecerle a Dios la oportunidad de poderle regalar lo mejor de nosotros: el sentimiento inmenso de los fugitivos del paraíso”.

miércoles, 6 de enero de 2010

MARASSA: MI AMIGO EL PUMA

Por.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

La muerte muy anunciada de Roberto Sánchez, mejor conocido como Sandro de América, mi amigo “El puma” o “El gitano”, nos mete una patada a las generaciones que lo conocimos en salva sea la parte. Es un golpe seco al ayer y a las imágenes sepias de la niñez y la juventud ida.

Sandro, como un verdadero grande, no era un cantante, sino un intérprete que literalmente hacía suyas las canciones con un timbre de voz varonil y unos movimientos cachondones que hacían suspirar al público femenino hasta el delirio. Mezcla de caradura, vividor y amante indomable, el personaje conquistó la psique de millones (y he aquí lo asombroso) de hombres y mujeres por igual. Los primeros porque veían reflejados los sueños perdonavidas del macho continental, y las segundas porque les gustaba dejarse querer. De ese nivel ¿era?, no, es Sandro.

Mi madre, que cumplía años el cinco de enero, y mi suegra son un rango representativo de las admiradores originales del que añoraba los labios de rubí, de rojo carmesí. Marcia, su hermano Enrique y yo fuimos unos de esos chavalitos que asombrados veíamos, a través del programa de televisión “Siempre en Domingo”, conducido por el nefasto también fallecido Raúl Velasco, las exageraciones extravagantes del señor espectáculo con atuendos directamente roqueros, al inicio de la fama, unos movimientos pélvicos que harían sonrojar hasta al mismísimo Elvis, y después amarrado al clásico atuendo de entretenedor maduro, pero sin perder el halo de seducción dominante tan en boga en esos días de claridad sexual.

En los ochentas, con más pena que gloria surgió un ente de nombre José Luis Rodríguez “El Puma” que haciendo leña del arbolote de Sandro, trato de simbolizar el erotismo masculino de esos años, nada más para terminar vociferando cantos extravagantes que invitaban a agarrarse de las manos y en escándalos familiares de lo peorcito. En fechas revientes, el “pumita” grabó un disco homenaje, tributo y vénganos la lana, donde solito demostró la diferencia de conceptos.

Sandro es irrepetible y pertenece a esa élite de famosos amados por la gente, simplemente por proyectar los anhelos de una edad. En un tiempo en que el rock era visto en América Latina como una muestra del imperialismo yanqui y la balada como un ejemplo patético de las pasiones chabacanas de la masa, Roberto Sánchez (el nombre verdadero y que obvio no garantizaba venta alguna) supo concretar la rebeldía de los tiempos y el avance de las manitas sudadas hacia el colchón, sin rubores o medias tintas.

Como cualquier miembro de mi generación latinoamericana, gracias a mi señora madre y a las limitaciones ideológicas de los medios de entretenimiento, fui iniciado en los misterios de Sandro entre la escoba, los trapos de limpiar y el lavadero, mientras la radio programaba canciones que hoy soy capaz de repetir mejor que algunas oraciones que intentó inculcarme.

Por esto, la muerte de Sandro es la noticia de la partida de mi amigo “El Puma”, el garañón de barrio capaz de acostarse con la mismísima huesuda mientras le asesta la sonrisa del que lo ha vivido todo y ha salido avante para contarlo.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

MARASSA: LOS QUE SE FUERON

Por.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Escribe del silencio y de sus muertos.

Platícame de las huestes de la noche, de los pantalones entallados y los zapatos de goma brincando las bardas, de las pintas en una barda.

¿Podrías jurarme que corriste con ellos en sus torneos de carriles de alta velocidad?.

¿Cuántos viste caer para no levantarse?.

Su guerra no era la nuestra.

No defendían su país.

No mordían formas políticas.

No se congregaban al mañana.

Peleaban por no tener nada que hacer, por calentarse el frío de manzana podrida, comida en la infancia de periódicos viejos. Reclamaban ridículas superficies de metros cuadrados, que legalmente nunca fueron suyos.

Interiorizar su delgadez te remitía la juventud enjuta y al espanto de aprender que a los 16, el destino es una farsa. En esos cinturones de miseria nadie llega a viejo.

¡Carajo!, podrías regalarles una novela, un artículo, o de perdis, una limosna a las Santas Animas del Purgatorio.

Te llevé a los panteones, a las morgues judiciales.

Vomitaste por su sino y lloraste patéticamente.

El llanto, a estas jodidas pretensiones, fue un recurso barato.

Los cadáveres no escapan de sus tumbas para limpiarte los mocos.

Fuiste testigo y se acabó.

No te pidieron venganzas, lutos rigurosos, exhortos a la izquierda.

Netamente te convidaron de sus cervezas, de su cemento, y del cruel olor de sus tenis rotos.

Ya no están y te esfuerzas por inventar historias, otras, por supuesto, no la de los príncipes decadentes del Periférico.

Ya no somos ni seremos, ni siquiera por especie.

Simplemente, el círculo del mundo te va cubriendo.

Los bendecidos murieron jóvenes y siempre serán así. Los otros, recorrieron varios niveles biográficos para terminar con sus nombres expuesto en la galería del panteón.

Pides regresar a reunirte con la banda; la invencible banda de adolescentes, y sólo escuchas las campanas anunciando la última noche del año, y a ti gritando porqué no te fuiste primero.

Aun eso, te fue negado: la esperanza.

martes, 29 de diciembre de 2009

MARASSA: URIEL

Por.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Uriel bajó del cielo.

Un día aterrizó en el barrio y nos acostumbramos a verlo.

Alto, greñudo, mugroso y bien pirado de la realidad, Uriel daba de que hablar. Las beatas de la iglesia del Espíritu Santo le huían peor que al diablo. Las prostis le regalaban un café, un pan y puede que una caricia. Los comerciantes le donaban lo que pedía y Escandón fue su residencia terrestre.

Uriel le metía a tocho. Al frutsi con alcohol, a las naranjas con flexo, a las estopas de activo y a la mostaza que apañaba en el rol. Neta que lo primero que veías al salir de tu guarida era a Uriel taloneando pa’ la cruz que lo jodía.

Estábamos chavitos y nuestras jefas conspiraban gacho por lo traviesos que les salimos. Cero escuela; cero catecismo; cero aliviane a la casa.

Ignoro a quién se le ocurrió de las mamás usar al Uriel como arma represiva y tan pronto nos veía que agarrábamos rumbo al mercado o a las laterales del doce de octubre, el Uriel nos correteaba e íbamos en retirada al colegio.

Uriel fue correcto con la gente. Te pedía un peso o un taco y no había fijón de no dárselo. “Madrecita (o padrecito), gracias” te decía y se retiraba. Yo creo que por decente, los escandinavos le agarramos ley y lo convertimos en héroe desconocido o excombatiente de nuestro Vietnam pueblerino, ya que la comunidad lo abastecía de lo que se pudiera: una cobija, unos “cacles”, un poco de carne guisada, un “chesco” o una botelluca.

Uriel vivió en Escandón muchos años y los chavitos crecimos. Unos cambiaron de aire y otros nos atamos al barrio por herencia de los jefes. La Escandinavia se agrandó y perdió sus tradiciones, sus afectos y la hermandad. Yo me agarré una novilla de la San Simón y mis roles se ampliaron al norte: Tlatelolco, la Raza o los Indios Verdes. Muy pocos días me encontraba en la colonia.

Uriel pasó de moda y arreciaron los “Panchitos” y la “Banda Unida Kiss”; chavalos gruesos que adelantaron el costo social de una ciudad en la que los contrastes avivan odio y venganza.

Los colonos metidos en sus problemas ya no pelaban al loquito de Uriel y con el agandalle de las bandas, las madres cambiaron de “Coco”. No digo que lo abandonáramos; más bien definimos intereses en los que “Uri” no cabía.

La Universidad y los libros me sacaron definitivamente de Escandón. Vinieron los fríos y nos cargó el payaso.

Una preposada, unas vecinas de la iglesia encontraron al Uriel agonizante. Pedimos una ambulancia. Llegó tarde. El buen Uriel murió en los brazos de las mujeres. La noticia hizo temblar Escandón. Colectamos una feria y lo enterramos decentemente. Hicimos misas en su memoria que triplicaron la asistencia de los propios Viernes Santos.

Muerto Uriel nos percatamos de lo perdido. Escandón, el mítico Escandón, el lugar mágico se diluía en la desaparición de su vagabundo favorito.

Dirás que estoy orate, pero te juro que al descolgarme al barrio me parece que voy a toparme al Uriel y a la tropa que hemos perdido en esas guerras sin nombre, en esas noches escandinavas...