lunes, 24 de octubre de 2011

EL COCOTAZO: PARA DECIR PENDEJADAS

POR.- EL DODO DE HUMOR NEGRO

A falta de recursos políticos, un poco de grilla sucia. En la ya citada hasta la saciedad entrevista que Felipe Calderón diera al diario estadounidense The New York Times, el quince de octubre de 2011, sostuvo que muchos priístas sostienen la viabilidad de un pacto con el crimen organizado para resolver el problema de la violencia.

La afirmación tuvo más tintes propagandísticos que una seria deducción gubernamental. Para el responsable de las 43 mil muertes, que acumula la cruzada fallida contra la delincuencia, la sangre carece de un valor sustancial.

“Es posible que algunos se acordarán de mí por eso, o quisieran que se me recordara por eso. Pero si triunfa México como estoy seguro de que lo hará, si México cuenta con instituciones nuevas en el futuro, si somete a los criminales, si reconstruye su tejido social, también habrá aquellos que me recuerden como el Presidente que se atrevió a atacar a los criminales e indicar el largo camino de reconstrucción institucional del país”.

En una incoherencia irreprochable, después de aventar la pedrada contra el Partido Revolucionario Institucional, aseguró “Depende de quién se trate. Hay muchos en el PRI que están de acuerdo con la política que tengo, al menos eso es lo que dicen en secreto, mientras que públicamente dicen otra cosa. Hay muchos que piensan que los pactos del pasado podrían funcionar ahora, no se cuáles, pero es la mentalidad que ellos tienen. Si esa opinión prevalece me preocuparía”.

Por supuesto que conociendo la habilidad trinquetera de los dinos tricolores podemos esperar cualquier chaquetazo. Sin embargo, si Felipe Calderón está seguro de la simpatía de los opositores por qué soltar el guamazo y guardar la mando.

Como pavimentando el gran golpe mediático del sexenio, el presidente comentó que las fuerzas armadas han estado cerca de capturar al líder del cártel del Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, quien se fugó del penal de Puente Grande el 19 de enero de 2001. “El Ejército mexicano, probablemente un par de veces ha estado en el lugar donde horas antes ha estado El Chapo. Pero tarde o temprano caerá, así como otros líderes”.

No obstante, la eventual captura del capo no garantiza nada que no sea la continuación de la violencia por el encumbramiento del siguiente líder del cártel. Sin faltar, por supuesto, las hipótesis de que los arreglos del delincuente con el actual gobierno se deterioran hasta facilitar la aprehensión.

Un día después de los fraudulentos “Diálogos por la paz”, Calderón escondió el bulto amparándose en la ficción jurídica.

“La construcción de un nuevo contexto jurídico, de un andamiaje nuevo, es lo que permitirá a la estrategia de seguridad el convertirse en política de Estado, y no un problema para este u otro Presidente”.

Sin faltar el tinte melodramático, el entrevistado regresó al punto común de que no haber actuado contra el crimen organizado el país se hubiera deteriorado más, “lo que puedo decir es que México será más seguro… imagínate a mí, Presidente de México, esperando cinco o diez años (para actuar) mientras los criminales vienen a tu casa, se aprovechan de tu gente tomando el control de los gobiernos que quisieran, ¡es absurdo!”.

Cual fanático que es, Calderón sólo se arrepiente de una cosa; no haber sido más agresivo para reconstruir las policías locales desde el inicio, “lo hubiéramos hecho de una manera más agresiva, mucho más determinada al comenzar”.

Que su delfín o su hermana anden sueltos tratando de ganar votaciones sin electores o que los números reales de su gestión no sirvan para valiente madre, son asuntos que no le tocan, que no ve y que, finalmente, le tienen sin cuidado.

Ahí descansan las palabras, esperando la reconstrucción de la infamia, y las decenas de declaraciones inútiles de los implicados habituales que tampoco urgen el regreso de la paz al país.

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