POR.- EL DODO DE LA MALA LECHE Y EL DODO DE HUMOR NEGRO
A buena hora se le ocurrió a Felipe Calderón chiflarle a la banda para que le hiciera el paro y aceptara apoyar un frente común contra la delincuencia.
De no ser por los grillos arrastrados y lambiscones, Calderón se hubiera quedado más solo que un confesionario durante una orgía, pues el Partido Revolucionario Institucional reviró el alarido sensacionalista de Los Pinos con una promesa a dialogar algunas coincidencias y luego, de las elecciones intermediadas, claro está, decidir si se alinean con el Partido Acción Nacional y sus aliados.
No es falta de responsabilidad del tricolor, simplemente que su apuesta electoral va de la mano con el auge de la inseguridad nacional y la petulancia de las autoridades a no aceptar que en esa materia están pelas. Los “dinos”, aunque les hayan matado un candidato a gobernador, saben recomponerse y sacar ventaja de sus heridas.
Felipe, el pequeño, quien reventó los pesos y los contrapesos del sistema de convivencia entre la grilla y el crimen organizado, pensó en una primera posibilidad de levantarse vencedor y legitimar la presidencia robada, luego, magnánimo quiso cubrir con sus alas a los panistas, y ni Chana ni Juana, los delincuentes renunciaron a su papel de comparsa, se saltaron las trancas y es hora que nadie los puede meter al corral.
En la demencia absoluta, Calderón recurrió a sus facultades presidenciales extraordinarias y metió a las fuerzas armadas del país en una siniestra casa de la risa que reporta elevados índices de violencia y muerte, acelerando el costo político de todo aquel que se vincule a su causa perdida.
La escabrosa hermandad de la izquierda y la derecha mexicanas enrarece aún más el sentido de gobernabilidad de México. ¿Quién puede tomar en serio los cambios de camisa y el acarreo conveniente de una panda de chaqueteros multiusos? Tampoco afirmamos que el PRI sea el salvador de la Patria, ni cosa, por el estilo, pues a su sombra crecieron ciertas afamadas personalidades de la transa y lo indebido con unas señoras colas que les pisen.
La preocupación demagógica de Felipe Calderón y el resto de sus achichincles obedece a reducir las distancias en la votación de castigo que le espera al blanquiazul, vaya con el que sea, en el proceso electoral de la próxima semana. No es una reacción digna o un reconocimiento de la inutilidad de la “guerra” contra el crimen organizado. Honestamente, le vale absolutamente madres y mantiene el flujo de sangre con tal de ofrecer la nota a quien se la crea, como la Organización de las Naciones Unidas.
El PRI no moverá un dedo hasta que no determine la reestructuración del mapa político y se asegure que ha puesto a sus adversarios en lugar propicio, nada más que conste que no será por la brillante inteligencia de los monolitos, sino por la larga sucesión de imbecilidades cometidas por la clase gobernante.
Nosotros les recomendamos a tirios y troyanos que volteen y se den cuenta que sea cual sea el resultado electoral, si es que hay uno, los supuestos gobernados se han marchado, dejándolos con la ilusión de que su mando cruzará el aniquilamiento y tendrá eco en la gente.
La ciudadanía no va en esta cruzada, hasta que no cambie de convocante.
jueves, 1 de julio de 2010
miércoles, 30 de junio de 2010
A TÍTULO PERSONAL: UN CUESTIONARIO HONESTO
POR: RAÚL GÓMEZ MIGUEL
¿En los últimos tres años qué han hecho positivo directamente para usted o su familia los Poderes de la Unión de México?
¿Además de sobrevivir, usted es de esas personas que se meten en problemas a la primera oportunidad en aras de la seguridad nacional, la democracia o cualquier otro concepto aparentemente conocido, pero difícil de conceptualizar?
¿Usted cuenta con un patrimonio, estafado a otros, para cubrir a treinta y cinco generaciones de sus descendientes?
¿Pertenece a una cofradía donde los supuestos representantes del pueblo son también avales de delincuentes?
¿Alguna vez la justicia impresa en la Constitución Mexicana ha cumplido con usted cabalmente por ser un simple ciudadano?
¿Hace negocios con personajes de dudosa procedencia u organizaciones criminales?
¿Le pasan una “corta” por cada violación a la normatividad vigente?
¿Tiene una amplia exención de impuestos por el cargo que ocupa o porque nadie se atreve a cobrárselos?
¿Sus familiares viajan al extranjero con todos los gastos pagados por la gente común para hacer desmanes, corruptelas o simplemente turismo?
¿Recientemente ha cesado a un familiar que usted puso por nepotismo debido a una riña casi de cantina en Sudáfrica?
¿Usted votó para que los mexicanos se estén matando entre sí, nada más para salvar su interés particular?
¿A falta de poder resolver problemas reales usted quemó un avispero, sin las avispas dentro, y ahora no sabe cómo quitárselas de encima?
¿A usted le han matado a un ser querido en un fuego cruzado, o bien, sus hijos gozan de escoltas perfectamente entrenadas para que no les pase nada?
¿A usted le consta que por ahorrarse una investigación los menores de edad que asesinan en sus fronteras son precoces delincuentes y merecen un castigo ejemplar?
¿Comparte la visión de sus patrones en el extranjero de que todos los migrantes connacionales están al servicio de mafias mundiales dedicadas al tráfico de drogas para las que trabajan como “mulas”?
¿Usted ha padecido en carne propia hambre, miseria, desprecio, discriminación, persecución, abuso legal o ilegal en cualquiera de los derechos humanos que dice tener, pero no aceptar en otros?
Entonces, querido lector, usted no tiene ninguna obligación política, moral, cultura, económica, educativa, etc. para hacerle caso al llamado del presidente Felipe Calderón a rescatar el Estado Mexicano que él mismo dinamitó, que lo hagan aquellos que se han beneficiado con todas las respuestas positivas de este cuestionario y que están desintegrando el pacto nacional.
Los verdaderos mexicanos estamos ocupados en resolver nuestra supervivencia inmediata, no para servir de pretexto y carne de cañón en una guerra que no es nuestra y que fortalece directamente a grupos político-delictivos en activo que son capaces de llevarnos al enfrentamiento civil con tal de no perder su poder.
¿En los últimos tres años qué han hecho positivo directamente para usted o su familia los Poderes de la Unión de México?
¿Además de sobrevivir, usted es de esas personas que se meten en problemas a la primera oportunidad en aras de la seguridad nacional, la democracia o cualquier otro concepto aparentemente conocido, pero difícil de conceptualizar?
¿Usted cuenta con un patrimonio, estafado a otros, para cubrir a treinta y cinco generaciones de sus descendientes?
¿Pertenece a una cofradía donde los supuestos representantes del pueblo son también avales de delincuentes?
¿Alguna vez la justicia impresa en la Constitución Mexicana ha cumplido con usted cabalmente por ser un simple ciudadano?
¿Hace negocios con personajes de dudosa procedencia u organizaciones criminales?
¿Le pasan una “corta” por cada violación a la normatividad vigente?
¿Tiene una amplia exención de impuestos por el cargo que ocupa o porque nadie se atreve a cobrárselos?
¿Sus familiares viajan al extranjero con todos los gastos pagados por la gente común para hacer desmanes, corruptelas o simplemente turismo?
¿Recientemente ha cesado a un familiar que usted puso por nepotismo debido a una riña casi de cantina en Sudáfrica?
¿Usted votó para que los mexicanos se estén matando entre sí, nada más para salvar su interés particular?
¿A falta de poder resolver problemas reales usted quemó un avispero, sin las avispas dentro, y ahora no sabe cómo quitárselas de encima?
¿A usted le han matado a un ser querido en un fuego cruzado, o bien, sus hijos gozan de escoltas perfectamente entrenadas para que no les pase nada?
¿A usted le consta que por ahorrarse una investigación los menores de edad que asesinan en sus fronteras son precoces delincuentes y merecen un castigo ejemplar?
¿Comparte la visión de sus patrones en el extranjero de que todos los migrantes connacionales están al servicio de mafias mundiales dedicadas al tráfico de drogas para las que trabajan como “mulas”?
¿Usted ha padecido en carne propia hambre, miseria, desprecio, discriminación, persecución, abuso legal o ilegal en cualquiera de los derechos humanos que dice tener, pero no aceptar en otros?
Entonces, querido lector, usted no tiene ninguna obligación política, moral, cultura, económica, educativa, etc. para hacerle caso al llamado del presidente Felipe Calderón a rescatar el Estado Mexicano que él mismo dinamitó, que lo hagan aquellos que se han beneficiado con todas las respuestas positivas de este cuestionario y que están desintegrando el pacto nacional.
Los verdaderos mexicanos estamos ocupados en resolver nuestra supervivencia inmediata, no para servir de pretexto y carne de cañón en una guerra que no es nuestra y que fortalece directamente a grupos político-delictivos en activo que son capaces de llevarnos al enfrentamiento civil con tal de no perder su poder.
martes, 29 de junio de 2010
MALA LECHE: SUPERVIVIENTES DE ALMAS
POR.- EL DODO DE LA MALA LECHE Y EL DODO DE HUMOR NEGRO
Como en las telenovelas mexicanas, después de haber comenzado el mundial y haber concluido el sueño mexicano, al regresar a la “polaca” emplumada notamos que no ha sucedido NADA, en serio, NADA que no sean las mismas ineptitudes públicas, los dimes y diretes de los partidos, los decretos electoreros y, por supuesto, el derramamiento duro de petróleo, sangre y muertos, muchos muertos.
Aunque a nosotros eso del fucho nos viene valiendo, el Dodo Pambolero pasó de la euforia a la tristeza y al silencio junto a millones de aficionados que compraron completita la publicidad y le mercadotecnia de un producto poco garantizado, hagan de cuenta como los votos que, vendidos o convencidos, los ciudadanos darán en las elecciones intermedias del próximo julio.
Estamos concluyendo el primer semestre de 2010, de este año de festejos a lo grande, y honestamente vamos para el perro. Como hace doscientos o cien años, las carencias del pueblo son supremas y sólo una casta divina casi inmortal se ha beneficiado del trabajo y la riqueza colectivas. A pesar de los cientos de libros, idearios y experiencias en directo, los mexicanos no queremos ver que efectivamente NO HAY NADA que celebrar, de no ser la dependencia externa y la revolución interrumpida que dominan el tercer milenio.
Somos, según la creatividad de los comunicadores sociales, un país de “changuish” y del “sí se puede”, o sea, una colectividad pequeña dócil y creyente, capaz del chaquetazo artero, de ser bien nacionalistas y cambiar la “verde”(la camiseta) por la del próximo rival de Argentina y por la del campeón del mundo porque deseamos ganar en corto sin sacrificios ni valor.
Este par, el Dodo de la Mala Leche y de Humor Negro, no comparte esa visión como tampoco la de los aleluyos que indican respuestas mágicas, sublimes y jaladas de los pelos para el presente nacional.
Defendemos, como expuso el Gómez, que es indispensable recuperar la confianza en uno mismo y no pedírsela al santo de su preferencia o los suspirantes huecos de las alianzas o el PRI malévolo. Crezcamos. La democracia, informamos, no es un obsequio de los poderosos, es un arrebato popular, es decir, que aceptar la farsa electoral y plegarse a los dictados del Instituto Federal Electoral (que también cobra en la misma caja de los burócratas kool-aids) es retroceder en cuanto a las expectativas de un futuro digno. Vamos a respaldar a los inútiles que facilitaron el desgarriate destructivo de esa abominación de “guerra contra el narcotráfico” y que es, en muchos partes del territorio nacional, la verdadera dueña de vidas y propiedades.
La ciudadanía tiene que cambiar de estrategia, de dejar hacer y dejar pasar, a presionar, fuertemente de ser indispensable, a la dirigencia imperial hasta romperle la burbuja de jabón en la que viven.
México no es un pueblo fracasado en tanto ha superado TODOS los obstáculos habidos y por haber, y está facultado para sobrevivir sin “grillos”, pues, ni faltan hacen, o ¿cuándo han resuelto algo que no sea en su perjuicio?.
La verdad es que los mexicanos estamos solos y es mejor así, queda admitirlo y conducirse en consecuencia, finalmente, los poderosos de porquería que cargamos son parte de nuestra decisión (ignorante, tal vez), mas decisión.
Que cada ciudadano establezca su próximo movimiento...y los candidatos asesinados no son de gratis.
Como en las telenovelas mexicanas, después de haber comenzado el mundial y haber concluido el sueño mexicano, al regresar a la “polaca” emplumada notamos que no ha sucedido NADA, en serio, NADA que no sean las mismas ineptitudes públicas, los dimes y diretes de los partidos, los decretos electoreros y, por supuesto, el derramamiento duro de petróleo, sangre y muertos, muchos muertos.
Aunque a nosotros eso del fucho nos viene valiendo, el Dodo Pambolero pasó de la euforia a la tristeza y al silencio junto a millones de aficionados que compraron completita la publicidad y le mercadotecnia de un producto poco garantizado, hagan de cuenta como los votos que, vendidos o convencidos, los ciudadanos darán en las elecciones intermedias del próximo julio.
Estamos concluyendo el primer semestre de 2010, de este año de festejos a lo grande, y honestamente vamos para el perro. Como hace doscientos o cien años, las carencias del pueblo son supremas y sólo una casta divina casi inmortal se ha beneficiado del trabajo y la riqueza colectivas. A pesar de los cientos de libros, idearios y experiencias en directo, los mexicanos no queremos ver que efectivamente NO HAY NADA que celebrar, de no ser la dependencia externa y la revolución interrumpida que dominan el tercer milenio.
Somos, según la creatividad de los comunicadores sociales, un país de “changuish” y del “sí se puede”, o sea, una colectividad pequeña dócil y creyente, capaz del chaquetazo artero, de ser bien nacionalistas y cambiar la “verde”(la camiseta) por la del próximo rival de Argentina y por la del campeón del mundo porque deseamos ganar en corto sin sacrificios ni valor.
Este par, el Dodo de la Mala Leche y de Humor Negro, no comparte esa visión como tampoco la de los aleluyos que indican respuestas mágicas, sublimes y jaladas de los pelos para el presente nacional.
Defendemos, como expuso el Gómez, que es indispensable recuperar la confianza en uno mismo y no pedírsela al santo de su preferencia o los suspirantes huecos de las alianzas o el PRI malévolo. Crezcamos. La democracia, informamos, no es un obsequio de los poderosos, es un arrebato popular, es decir, que aceptar la farsa electoral y plegarse a los dictados del Instituto Federal Electoral (que también cobra en la misma caja de los burócratas kool-aids) es retroceder en cuanto a las expectativas de un futuro digno. Vamos a respaldar a los inútiles que facilitaron el desgarriate destructivo de esa abominación de “guerra contra el narcotráfico” y que es, en muchos partes del territorio nacional, la verdadera dueña de vidas y propiedades.
La ciudadanía tiene que cambiar de estrategia, de dejar hacer y dejar pasar, a presionar, fuertemente de ser indispensable, a la dirigencia imperial hasta romperle la burbuja de jabón en la que viven.
México no es un pueblo fracasado en tanto ha superado TODOS los obstáculos habidos y por haber, y está facultado para sobrevivir sin “grillos”, pues, ni faltan hacen, o ¿cuándo han resuelto algo que no sea en su perjuicio?.
La verdad es que los mexicanos estamos solos y es mejor así, queda admitirlo y conducirse en consecuencia, finalmente, los poderosos de porquería que cargamos son parte de nuestra decisión (ignorante, tal vez), mas decisión.
Que cada ciudadano establezca su próximo movimiento...y los candidatos asesinados no son de gratis.
lunes, 28 de junio de 2010
EDITORIAL: REACCIONES ENCONTRADAS
POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL
Se perdió contra Argentina. Sin embargo, tengo reacciones encontradas. Por un lado, reconozco el error del árbitro al marcar un gol en fuera del lugar, el error de la defensa mexicana y la imparable tercera anotación de los albicelestes. Esos son hechos que sustentan el resultado. Por el otro, encabrona la timidez de Javier Aguirre al regalar cuarenta y cinco minutos de juego a esa entidad nefasta apodada “Bofo” y no poner a otro centro delantero; luego sacar en el peor momento a Guardado para meter a Franco, otra nulidad permanente, y no quemar todos los cartuchos para ir al frente.
Sigo pensando que Argentina es una selección inflada, que no ha sido requerida por un genuino rival. Por ende, la salida de México de Sudáfrica 2010, siguiendo con el ejemplo del microcosmos, tiene un responsable del “más alto nivel”, un hombre poderoso que no supo qué hacer con el cargo. Igualito que Calderón.
Yo aplaudo a los jóvenes jugadores, a los que a pesar de las extravagancias del “Vasco” trataron de no derrumbarse. Admiro las ganas de Barrera, el “Chícharo”, Gio y esta naciente generación de profesionales que no se doblan. Veo lo que la vida cotidiana me muestra: un México que sobrevive con determinación, corazón y gónadas, soportando una ficción de arribistas, prepotentes, influyentes que son los culpables de que este país no termine de crecer.
Me es imposible no suponer una ruptura entre el México real y la parodia que se ufana de “ser” lo que no le alcanza, y no es que sea un profeta de la destrucción o un emisario del pasado, simplemente que por las circunstancias extremas, internas y externas, reducen la elección a una sola opción, en la que no están incluidos los jerarcas al estilo Javier Aguirre, para continuar en la analogía deportiva, que exigen logros, poniendo todos los obstáculos posibles.
Cinco mundiales sin llegar al quinto partido, revela algo: o no podemos (explicación idiota que no viene al caso discutir) o tenemos que cambiar, lo que implica una verdadera revolución en la estructura general del fútbol profesional y la configuración de selecciones a fin de no acabar peor en cada participación.
La decisión está en nosotros y no precisamente en los que azuzaron a las turbas y ahora no las pueden controlar.
Yo creo en el valor individual y en la suma colectiva de voluntad, en consecuencia, hoy que comienza la semana meditemos, antes de entrarle al trabajo, si hemos de hacerlo como campeones o como eternos suspirantes al título, esperanzados que nos lo regalen.
Sólo hay una sopa: no rendirse y que la pelota siga rodando; esto nos dará eventualmente el gol de la victoria.
Se perdió contra Argentina. Sin embargo, tengo reacciones encontradas. Por un lado, reconozco el error del árbitro al marcar un gol en fuera del lugar, el error de la defensa mexicana y la imparable tercera anotación de los albicelestes. Esos son hechos que sustentan el resultado. Por el otro, encabrona la timidez de Javier Aguirre al regalar cuarenta y cinco minutos de juego a esa entidad nefasta apodada “Bofo” y no poner a otro centro delantero; luego sacar en el peor momento a Guardado para meter a Franco, otra nulidad permanente, y no quemar todos los cartuchos para ir al frente.
Sigo pensando que Argentina es una selección inflada, que no ha sido requerida por un genuino rival. Por ende, la salida de México de Sudáfrica 2010, siguiendo con el ejemplo del microcosmos, tiene un responsable del “más alto nivel”, un hombre poderoso que no supo qué hacer con el cargo. Igualito que Calderón.
Yo aplaudo a los jóvenes jugadores, a los que a pesar de las extravagancias del “Vasco” trataron de no derrumbarse. Admiro las ganas de Barrera, el “Chícharo”, Gio y esta naciente generación de profesionales que no se doblan. Veo lo que la vida cotidiana me muestra: un México que sobrevive con determinación, corazón y gónadas, soportando una ficción de arribistas, prepotentes, influyentes que son los culpables de que este país no termine de crecer.
Me es imposible no suponer una ruptura entre el México real y la parodia que se ufana de “ser” lo que no le alcanza, y no es que sea un profeta de la destrucción o un emisario del pasado, simplemente que por las circunstancias extremas, internas y externas, reducen la elección a una sola opción, en la que no están incluidos los jerarcas al estilo Javier Aguirre, para continuar en la analogía deportiva, que exigen logros, poniendo todos los obstáculos posibles.
Cinco mundiales sin llegar al quinto partido, revela algo: o no podemos (explicación idiota que no viene al caso discutir) o tenemos que cambiar, lo que implica una verdadera revolución en la estructura general del fútbol profesional y la configuración de selecciones a fin de no acabar peor en cada participación.
La decisión está en nosotros y no precisamente en los que azuzaron a las turbas y ahora no las pueden controlar.
Yo creo en el valor individual y en la suma colectiva de voluntad, en consecuencia, hoy que comienza la semana meditemos, antes de entrarle al trabajo, si hemos de hacerlo como campeones o como eternos suspirantes al título, esperanzados que nos lo regalen.
Sólo hay una sopa: no rendirse y que la pelota siga rodando; esto nos dará eventualmente el gol de la victoria.
domingo, 27 de junio de 2010
A TÍTULO PERSONAL: ¡VAMOS CABRONES!
POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL
A raíz de saberse que la Selección Mexicana de Fútbol enfrentaría a Argentina para seguir con vida en la Copa del Mundo Sudáfrica 2010, el pueblo de México entró en el habitual desencanto derrotista. La idea general es que el representativo del país caerá frente a los albicelestes por el marcador que sea.
Ni el Dodo Pambolero que es nacionalista a ultranza se escapa de clavar el pico y esperar la hora de la ejecución.
Como lo he repetido en otras colaboraciones, la Selección es microcosmos de la Sociedad Mexicana, y por ello, de mi preocupación.
Me es increíble que en pleno año del Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia todavía sigamos pensando que cualquiera nos derrota, que no servimos más que para el ridículo y que lo mejor que nos pudiera pasar es que desapareciéramos de la faz de la tierra.
Con esa mentalidad y si los mexicanos fuéramos la totalidad de los seres humanos, hoy estaríamos en la edad de piedra.
Mi invitación es muy simple, cada uno de nosotros, los supuestos perdedores, tenemos una historia de éxitos personales que bastan para darle confianza a cualquiera, en balde a pesar de todo, incluso de nuestros propios intereses, estamos aquí correteando el sustento y las condiciones precarias impuestas por los gobernantes.
A mí que no me vengan con pérdidas antes de tiempo. Brasil, Argentina o todas las potencias juntas tienen un porcentaje natural de riesgo; no son invencibles. Eso decían los nazis y miren cómo les fue, o los estadounidenses en Vietnam, o los aztecas de los españoles. El quid es tener una mentalidad de pelear un resultado con tamaños, con agallas, con “güevos” para que se entienda. Posiblemente salimos raspados, posiblemente no. Sin embargo, lo que nadie te quita es que saliste a partirte la madre, a no tener contemplaciones y a soltar fregadazos hasta el último instante. Así hasta la derrota sabe a victoria porque enfrentamos el miedo y el rival debe de admitirlo.
Si Argentina gana, bien, si México, también, pero que se salga a dar el millón por ciento, no a echarse para atrás y opacarse. Los mexicanos podemos tener todos los defectos de la especie, no obstante, nos sabemos poner al tú por tú en situaciones extremas, y para la masa emplumada, el partido es una situación de esas.
Yo no pido proezas. No creo en la casualidad, sino en la causalidad, y voy a apoyar a la Selección siempre y que se muera en la cancha, que transmita que el marcador es irrelevante comparados con la furia y la tenacidad de noventa minutos. De ese México soy, no de Calderolandia, no del agachón y abusado por idiota.
No dependamos de los pretextos, responsabilicemos las acciones. Así construimos la Nación. No existen ganadores previos. Mientras el balón esté en movimiento cualquier cosa es factible. Únicamente imploro al alma de cada uno que NO nos derrotemos antes de tiempo y que en todo lo que hagamos impongamos el derecho a tener la victoria por mérito y no bajarle la mirada a ningún pendejo.
A raíz de saberse que la Selección Mexicana de Fútbol enfrentaría a Argentina para seguir con vida en la Copa del Mundo Sudáfrica 2010, el pueblo de México entró en el habitual desencanto derrotista. La idea general es que el representativo del país caerá frente a los albicelestes por el marcador que sea.
Ni el Dodo Pambolero que es nacionalista a ultranza se escapa de clavar el pico y esperar la hora de la ejecución.
Como lo he repetido en otras colaboraciones, la Selección es microcosmos de la Sociedad Mexicana, y por ello, de mi preocupación.
Me es increíble que en pleno año del Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia todavía sigamos pensando que cualquiera nos derrota, que no servimos más que para el ridículo y que lo mejor que nos pudiera pasar es que desapareciéramos de la faz de la tierra.
Con esa mentalidad y si los mexicanos fuéramos la totalidad de los seres humanos, hoy estaríamos en la edad de piedra.
Mi invitación es muy simple, cada uno de nosotros, los supuestos perdedores, tenemos una historia de éxitos personales que bastan para darle confianza a cualquiera, en balde a pesar de todo, incluso de nuestros propios intereses, estamos aquí correteando el sustento y las condiciones precarias impuestas por los gobernantes.
A mí que no me vengan con pérdidas antes de tiempo. Brasil, Argentina o todas las potencias juntas tienen un porcentaje natural de riesgo; no son invencibles. Eso decían los nazis y miren cómo les fue, o los estadounidenses en Vietnam, o los aztecas de los españoles. El quid es tener una mentalidad de pelear un resultado con tamaños, con agallas, con “güevos” para que se entienda. Posiblemente salimos raspados, posiblemente no. Sin embargo, lo que nadie te quita es que saliste a partirte la madre, a no tener contemplaciones y a soltar fregadazos hasta el último instante. Así hasta la derrota sabe a victoria porque enfrentamos el miedo y el rival debe de admitirlo.
Si Argentina gana, bien, si México, también, pero que se salga a dar el millón por ciento, no a echarse para atrás y opacarse. Los mexicanos podemos tener todos los defectos de la especie, no obstante, nos sabemos poner al tú por tú en situaciones extremas, y para la masa emplumada, el partido es una situación de esas.
Yo no pido proezas. No creo en la casualidad, sino en la causalidad, y voy a apoyar a la Selección siempre y que se muera en la cancha, que transmita que el marcador es irrelevante comparados con la furia y la tenacidad de noventa minutos. De ese México soy, no de Calderolandia, no del agachón y abusado por idiota.
No dependamos de los pretextos, responsabilicemos las acciones. Así construimos la Nación. No existen ganadores previos. Mientras el balón esté en movimiento cualquier cosa es factible. Únicamente imploro al alma de cada uno que NO nos derrotemos antes de tiempo y que en todo lo que hagamos impongamos el derecho a tener la victoria por mérito y no bajarle la mirada a ningún pendejo.
sábado, 26 de junio de 2010
DOSSIER DIVERSIDAD SEXUAL: STONEWALL 1969
POR.- LA REDACCIÓN Y REFERENCIAS DE DIVERSAS FUENTES ON LINE E IMPRESAS
La madrugada del 28 de junio de 1969, una redada policial en el bar Stonewall Inn, ubicado en Greenwich Village, Nueva York, desató por primera vez una reacción violenta de parte de la comunidad LGBTTTI (que son las siglas que designan colectivamente a los grupos Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transgénero, Transexual e Intersexual) contra la arbitrariedad de las autoridades y el abuso de poder.
El Stonewall Inn, ubicado en los números 51 y 53 de la calle Christopher, como otros establecimientos de la Urbe de Hiero, era propiedad de la familia mafiosa de los Genovese.
En 1966 tres de sus miembros invirtieron 3.500 dólares para convertir el Stonewall Inn en un bar gay, después de haber sido un restaurante y un club nocturno para heterosexuales.
Una vez a la semana, un policía, cuando no, recogía un sobre de dinero como soborno, ya que el Stonewall Inn no contaba con una licencia para vender bebidas alcohólicas. Tampoco contaba con agua corriente, por lo que los vasos sucios se enjuagaban en una palangana con agua para ser utilizados de nuevo. No había salidas de emergencia y constantemente había problemas con el drenaje de los baños. Aunque en el bar no había prostitución, se vendían drogas y se realizaban otras prácticas ilícitas.
Era el único bar para hombres gays en la ciudad de Nueva York donde se permitía bailar, por lo que, desde su reapertura como un lugar gay, el baile era su atracción principal.
Los clientes del Stonewall Inn eran recibidos por un portero que los inspeccionaba a través de una mirilla. La edad mínima legal para el consumo de bebidas alcohólicas era de 18 años y, para prevenir la entrada de policías encubiertos, los visitantes debían ser reconocidos por el portero o debían tener aspecto de gays para poder entrar.
La entrada costaba 3 dólares durante los fines de semana, lo que incluía dos vales de bebida. Se obligaba a los clientes a firmar con sus nombres en un libro para hacer constar que entraban en un club privado para adultos, pero raramente lo hacían con sus nombres verdaderos.
Había dos pistas de baile en el Stonewall. El interior era de color negro, para crear un ambiente muy oscuro que se acentuaba con luces de color y lámparas de luz negra. Si se detectaba la presencia policial encendían las luces normales para indicar que todos debían dejar de bailar o de tocarse.
En la parte de atrás del bar había una sección más pequeña que frecuentaban los hombres con pluma.
El Stonewall era uno de los dos únicos bares donde podían acudir hombres afeminados que se maquillaban y se cardaban el pelo (aunque usaban vestimenta de hombre). Los porteros sólo dejaban entrar a unos cuantos travestis o drag queens.
La abrumadora mayoría de los clientes eran hombres, aunque algunas lesbianas acudían al bar de vez en cuando. Los jóvenes sin techo que dormían en el cercano parque Christopher Park solían intentar entrar para que los clientes les invitaran a beber.
La edad de los clientes oscilaba entre los jóvenes que no llegaban a la veintena, hasta los que sobrepasaban los treinta y había una proporción aproximadamente igual de blancos, negros e hispanos. Debido a la diversidad demográfica, su ubicación y la atracción del baile, el Stonewall Inn era el bar gay más popular de la ciudad y, por ende, el objetivo de ataques por parte de los grupos conservadores.
En el seno de la contracultura de la década de los sesenta, el movimiento en pro de los derechos humanos y la diversidad sexual tuvo que transitar desde la reunión de grupúsculos “comprometidos” hasta las manifestaciones multitudinarias.
Las redadas policiales en bares de “ambiente” eran comunes en la época, sin embargo, los agentes de policía perdieron el control de la situación en el Stonewall Inn y atrajeron a una muchedumbre, provocando que se rebelasen y encararan a los uniformados, siguiendo las pautas marcadas por los estudiantes encolerizados de las universidades del mundo en 1968.
La tensión entre la policía de Nueva York y los residentes gays de Greenwich Village produjo más protestas la siguiente tarde, y sucesivamente varias noches después. En cuestión de semanas, los residentes del Village rápidamente se organizaron en grupos de activistas para concentrar esfuerzos en aras de establecer lugares para que gays y lesbianas pudieran manifestar abiertamente su orientación sexual sin miedo a ser arrestados.
La cobertura mediática influyó para encontrar una salida política al asunto, sin menoscabo de la integridad de la Policía y sin alentar disturbios sociales que se fueran de las manos.
Conscientes de su poder de convocatoria y enardecidos por el maltrato acumulados por décadas, los gays y lesbianas de Nueva York hicieron frente a obstáculos de índole generacional, de clase y de género para formar una comunidad cohesionada. A los seis meses se habían creado dos organizaciones de activistas gays en Nueva York, con objeto de realizar protestas de confrontación, y además se fundaron tres periódicos para promover los derechos de las minorías sexuales.
El 28 de junio de 1970 tuvieron lugar las primeras marchas del Orgullo Gay en las ciudades de Nueva York y Los Ángeles, conmemorando el aniversario de los disturbios. Con el tiempo, otras ciudades fueron organizando marchas similares. Hoy día se celebran actos del Orgullo Gay anualmente por todo el mundo hacia finales de junio, para recordar los disturbios de Stonewall y plantear las demandas que cada comunidad exige a la sociedad a la que pertenece.
Por encima del color y el espíritu de carnaval que contienen las marchas, está la dignificación de una diferencia sexual que comenzó, como siempre ocurre con la testaruda humanidad, con una lucha frontal para arrebatar espacios y leyes igualitarias por encima de la subjetividad dominante.
Así que hoy que tome las calles de la Ciudad de México, la comunidad LGBT evoca a esos hombres y esas mujeres que dijeron basta y facilitaron la expresión pública del derecho inalienable a gozar de una intimidad libre y respetada.
La madrugada del 28 de junio de 1969, una redada policial en el bar Stonewall Inn, ubicado en Greenwich Village, Nueva York, desató por primera vez una reacción violenta de parte de la comunidad LGBTTTI (que son las siglas que designan colectivamente a los grupos Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transgénero, Transexual e Intersexual) contra la arbitrariedad de las autoridades y el abuso de poder.
El Stonewall Inn, ubicado en los números 51 y 53 de la calle Christopher, como otros establecimientos de la Urbe de Hiero, era propiedad de la familia mafiosa de los Genovese.
En 1966 tres de sus miembros invirtieron 3.500 dólares para convertir el Stonewall Inn en un bar gay, después de haber sido un restaurante y un club nocturno para heterosexuales.
Una vez a la semana, un policía, cuando no, recogía un sobre de dinero como soborno, ya que el Stonewall Inn no contaba con una licencia para vender bebidas alcohólicas. Tampoco contaba con agua corriente, por lo que los vasos sucios se enjuagaban en una palangana con agua para ser utilizados de nuevo. No había salidas de emergencia y constantemente había problemas con el drenaje de los baños. Aunque en el bar no había prostitución, se vendían drogas y se realizaban otras prácticas ilícitas.
Era el único bar para hombres gays en la ciudad de Nueva York donde se permitía bailar, por lo que, desde su reapertura como un lugar gay, el baile era su atracción principal.
Los clientes del Stonewall Inn eran recibidos por un portero que los inspeccionaba a través de una mirilla. La edad mínima legal para el consumo de bebidas alcohólicas era de 18 años y, para prevenir la entrada de policías encubiertos, los visitantes debían ser reconocidos por el portero o debían tener aspecto de gays para poder entrar.
La entrada costaba 3 dólares durante los fines de semana, lo que incluía dos vales de bebida. Se obligaba a los clientes a firmar con sus nombres en un libro para hacer constar que entraban en un club privado para adultos, pero raramente lo hacían con sus nombres verdaderos.
Había dos pistas de baile en el Stonewall. El interior era de color negro, para crear un ambiente muy oscuro que se acentuaba con luces de color y lámparas de luz negra. Si se detectaba la presencia policial encendían las luces normales para indicar que todos debían dejar de bailar o de tocarse.
En la parte de atrás del bar había una sección más pequeña que frecuentaban los hombres con pluma.
El Stonewall era uno de los dos únicos bares donde podían acudir hombres afeminados que se maquillaban y se cardaban el pelo (aunque usaban vestimenta de hombre). Los porteros sólo dejaban entrar a unos cuantos travestis o drag queens.
La abrumadora mayoría de los clientes eran hombres, aunque algunas lesbianas acudían al bar de vez en cuando. Los jóvenes sin techo que dormían en el cercano parque Christopher Park solían intentar entrar para que los clientes les invitaran a beber.
La edad de los clientes oscilaba entre los jóvenes que no llegaban a la veintena, hasta los que sobrepasaban los treinta y había una proporción aproximadamente igual de blancos, negros e hispanos. Debido a la diversidad demográfica, su ubicación y la atracción del baile, el Stonewall Inn era el bar gay más popular de la ciudad y, por ende, el objetivo de ataques por parte de los grupos conservadores.
En el seno de la contracultura de la década de los sesenta, el movimiento en pro de los derechos humanos y la diversidad sexual tuvo que transitar desde la reunión de grupúsculos “comprometidos” hasta las manifestaciones multitudinarias.
Las redadas policiales en bares de “ambiente” eran comunes en la época, sin embargo, los agentes de policía perdieron el control de la situación en el Stonewall Inn y atrajeron a una muchedumbre, provocando que se rebelasen y encararan a los uniformados, siguiendo las pautas marcadas por los estudiantes encolerizados de las universidades del mundo en 1968.
La tensión entre la policía de Nueva York y los residentes gays de Greenwich Village produjo más protestas la siguiente tarde, y sucesivamente varias noches después. En cuestión de semanas, los residentes del Village rápidamente se organizaron en grupos de activistas para concentrar esfuerzos en aras de establecer lugares para que gays y lesbianas pudieran manifestar abiertamente su orientación sexual sin miedo a ser arrestados.
La cobertura mediática influyó para encontrar una salida política al asunto, sin menoscabo de la integridad de la Policía y sin alentar disturbios sociales que se fueran de las manos.
Conscientes de su poder de convocatoria y enardecidos por el maltrato acumulados por décadas, los gays y lesbianas de Nueva York hicieron frente a obstáculos de índole generacional, de clase y de género para formar una comunidad cohesionada. A los seis meses se habían creado dos organizaciones de activistas gays en Nueva York, con objeto de realizar protestas de confrontación, y además se fundaron tres periódicos para promover los derechos de las minorías sexuales.
El 28 de junio de 1970 tuvieron lugar las primeras marchas del Orgullo Gay en las ciudades de Nueva York y Los Ángeles, conmemorando el aniversario de los disturbios. Con el tiempo, otras ciudades fueron organizando marchas similares. Hoy día se celebran actos del Orgullo Gay anualmente por todo el mundo hacia finales de junio, para recordar los disturbios de Stonewall y plantear las demandas que cada comunidad exige a la sociedad a la que pertenece.
Por encima del color y el espíritu de carnaval que contienen las marchas, está la dignificación de una diferencia sexual que comenzó, como siempre ocurre con la testaruda humanidad, con una lucha frontal para arrebatar espacios y leyes igualitarias por encima de la subjetividad dominante.
Así que hoy que tome las calles de la Ciudad de México, la comunidad LGBT evoca a esos hombres y esas mujeres que dijeron basta y facilitaron la expresión pública del derecho inalienable a gozar de una intimidad libre y respetada.
viernes, 25 de junio de 2010
APUNTES: UNA HISTORIA DE JUGUETES
POR.- EL DODO DU CINEMA
La tercera entrega de las películas de “Toy Story” merece comentarios allende de la reseña cinéfila por la peculiar reacción que provoca en la audiencia que se encuentra a punto de ingresar a la Universidad o cursan los primeros semestres de la carrera.
Nacida cerca del año en que se estrenó el primer largometraje, esta generación evoca a lo largo de “Toy Story 3” una parte fundamental de su pasado y el impacto emocional que implicó separarse de la inocencia infantil y pasar a la siguiente etapa de la existencia.
Como una postal sentimental, “Toy Story 3” será una referencia obligada en la memoria colectiva de nuestra juventud actual para ejemplificar otras películas que han tenido el mismo impacto en la psique de generaciones anteriores como “Stand by me” o “ Summer of 42”, o aquella serie de televisión “Los años maravillosos” o su equivalente español “Cuéntame cómo pasó”, en las que el asunto de la mitificación de la infancia alcanza cuotas épicas y aseguran una identificación plena de quienes estaban ahí para constatarlo.
La trama perfectamente armada alrededor del egoísmo humano y la lealtad incondicional de los juguetes son metáforas implacables de los esqueletos afectivos que se guardan en los roperos de la edad. Indirectamente, el recuerdo del “paraíso perdido” y la incertidumbre de la vida adulta cobijan las lágrimas de los asistentes en las escenas climáticas de Toy Story 3.
Sin meditarlo, la comunión de los asistentes es resultado del fuerte trance que implica alejarse de la seguridad del hogar y tomar el camino de la independencia, sea lo que esto signifique. La claridad que la decisión es un no retorno es, indiscutiblemente, una experiencia traumática que se suaviza con el nuevo orden de derechos y obligaciones que se adquieren, no obstante, saberse que cada año avanzado es el borrón al corazón cándido y El mundo feliz.
El llanto de la sala cinematográfica realiza la ceremonia del adiós, de encontrar a los personajes entrañables que nos acompañaron en los días dorados y que en un par de horas nos ponen al tanto del tiempo ido, sólo para despedirnos con la promesa de una amistad eterna, que se cree imposible.
Sólo por la magia del cine y la animación excelsa, los jóvenes vuelven a sentirse niños con la posibilidad de vivir efectivamente el reencuentro total, antes que se prendan las luces y se vean como son y como se acuerdan. Y ese estado emotivo rebasa en mucho el costo de una entrada, un cuenco de palomitas, el refresco o los chocolates.
En lo particular, “Toy Story 3” es un homenaje a lo que fuimos desde la desolación de lo que somos. Definitivamente no es una película de niños, sino de adultos desesperados por iluminarse con la niñez artificial que puedan rozar.
La tercera entrega de las películas de “Toy Story” merece comentarios allende de la reseña cinéfila por la peculiar reacción que provoca en la audiencia que se encuentra a punto de ingresar a la Universidad o cursan los primeros semestres de la carrera.
Nacida cerca del año en que se estrenó el primer largometraje, esta generación evoca a lo largo de “Toy Story 3” una parte fundamental de su pasado y el impacto emocional que implicó separarse de la inocencia infantil y pasar a la siguiente etapa de la existencia.
Como una postal sentimental, “Toy Story 3” será una referencia obligada en la memoria colectiva de nuestra juventud actual para ejemplificar otras películas que han tenido el mismo impacto en la psique de generaciones anteriores como “Stand by me” o “ Summer of 42”, o aquella serie de televisión “Los años maravillosos” o su equivalente español “Cuéntame cómo pasó”, en las que el asunto de la mitificación de la infancia alcanza cuotas épicas y aseguran una identificación plena de quienes estaban ahí para constatarlo.
La trama perfectamente armada alrededor del egoísmo humano y la lealtad incondicional de los juguetes son metáforas implacables de los esqueletos afectivos que se guardan en los roperos de la edad. Indirectamente, el recuerdo del “paraíso perdido” y la incertidumbre de la vida adulta cobijan las lágrimas de los asistentes en las escenas climáticas de Toy Story 3.
Sin meditarlo, la comunión de los asistentes es resultado del fuerte trance que implica alejarse de la seguridad del hogar y tomar el camino de la independencia, sea lo que esto signifique. La claridad que la decisión es un no retorno es, indiscutiblemente, una experiencia traumática que se suaviza con el nuevo orden de derechos y obligaciones que se adquieren, no obstante, saberse que cada año avanzado es el borrón al corazón cándido y El mundo feliz.
El llanto de la sala cinematográfica realiza la ceremonia del adiós, de encontrar a los personajes entrañables que nos acompañaron en los días dorados y que en un par de horas nos ponen al tanto del tiempo ido, sólo para despedirnos con la promesa de una amistad eterna, que se cree imposible.
Sólo por la magia del cine y la animación excelsa, los jóvenes vuelven a sentirse niños con la posibilidad de vivir efectivamente el reencuentro total, antes que se prendan las luces y se vean como son y como se acuerdan. Y ese estado emotivo rebasa en mucho el costo de una entrada, un cuenco de palomitas, el refresco o los chocolates.
En lo particular, “Toy Story 3” es un homenaje a lo que fuimos desde la desolación de lo que somos. Definitivamente no es una película de niños, sino de adultos desesperados por iluminarse con la niñez artificial que puedan rozar.
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