lunes, 12 de octubre de 2009

A TÍTULO PERSONAL: LA PERSECUCIÓN DEL MONSTRUO ELÉCTRICO

Por.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

No contento con abrir todos los frentes posibles de cubrir, el Gobierno Federal se lanza contra Luz y Fuerza del Centro y el Sindicato de Trabajadores Mexicanos, en un madruguete, vaya la contradicción, a todas luces: siniestro.

Es cierto que la historia del sindicalismo en México es negra como su conciencia y que el sistema corporativo estatal que le dio origen, cual monstruo de Frankenstein, lo dejo en la estocada y no sabe cómo destruirlo por completo sin que se defienda y dé alarmas. Sin embargo, hay una diferencia tajante entre la cúpula sindical y el resto de los agremiados, es decir, están los jerarcas enriquecidos y la masa que los enriquece. Por ende, para tronar las cabezas es pertinente asesinar a las bases, es decir, a la gente común.

En un momento en que el Presidente de la República pelea por más dinero es inconcebible que se aviente la puntada de enrarecer el ambiente, cesar a 66 mil trabajadores y proponer una operación de liquidación por veinte mil millones de pesos con una eventual recontratación de los mismos hombres a quienes despidió.

Una pregunta es pertinente: ¿de dónde saldrá el dinero para sepultar a Luz y Fuerza del Centro? ¿De lo guardado debajo del colchón? ¿De alguna caja no conocida?

No hay congruencia a menos que detrás de la maniobra estén los dedos largos de la privatización, que pondría de a pechito a los futuros gobiernos mexicanos frente a los posibles compradores de un sector estratégico y fundamental en la vida productiva de la nación.

Si al asunto fuera una verdadera operación de limpieza por qué no se va por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el de PEMEX o el de los mismos trabajadores al servicio del Estado.

Como un ladrón en la noche, el Gobierno Federal, en plena distracción por los festejos de la clasificación de México a la Copa del Mundo, se apoderó de las instalaciones, controló la eventual reacción violenta y dispuso un cerco de seguridad para que la Comisión Federal de Electricidad tomara el suministro del servicio. Al más puro estilo policial.

Por supuesto, el parecer ciudadano no fue tomado en cuenta; ni siquiera se mencionó y hasta el mediodía del domingo, una vez consumada la operación, el grueso de la población aun transpirando el exceso de la fiesta se vino a enterar de la ocupación de Luz y Fuerza del Centro.

El Sindicato Mexicano de Electricistas ha definido una postura, en apariencia irreversible: defender su espacio de trabajo hasta la muerte, o sea, entrarle a los trancazos en el tono que la autoridad quiera.

Sin caer en retorcimientos supersticiosos, es increíble que el Calderonismo insista en calentar al país con decisiones de una torpeza política indigna de un mandatario de primer orden.

Los líderes electricistas son clones de los priístas clásicos, saben limar asperezas internas, conocen el oficio de la grilla y tienen experiencia en la lucha dura. Por ende, lejos de estar terminado el caso, apenas comienza la presentación de pruebas.

En la primera reunión del SME con el Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, el saldo fue un absoluto desacuerdo a la medida gubernamental, a pesar de la verborrea del funcionario a procurar un marco de diálogo para las partes en conflicto.

Por si las moscas, Gobernación se deslinda de ordenes de aprensión contra el líder Martín Esparza y garantiza la libertad de asociación y expresión del sindicato.

Los trabajadores, por su parte, no dan marcha atrás en sus peticiones: la derogación del decreto presidencial de liquidación a Luz y Fuerza del Centro; la salida de las fuerzas de seguridad pública de las instalaciones; e instalar una mesa de negociación con las autoridades para llegar a una acuerdo positivo para las partes en pugna.

Los Partidos Políticos de oposición han mantenido la cautela y valoran cómo la “guerra de la electricidad” puede atraerles mejores escenarios para las elecciones del próximo año y la de 2012.

Tenemos un principio de semana caliente, gracias a la derecha y su desgaste.

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