jueves, 14 de mayo de 2009

EDITORIAL: SALINAS

Por: Raúl Gómez Miguel


Aventar piedras a la distancia segura del tiempo es fácil. Los implicados, amparados por la edad y la corta memoria del pueblo, se lavan las manos y afirman verdades que no pudieron sostener cuando sus tamaños corrían peligro.

Las “incendiarias” declaraciones del ex presidente mexicano Miguel de la Madrid (1982-1988) vienen a poner punto final a las referencias comprobadas por verdaderos valientes que en su tiempo pusieron e, incluso, apostaron y perdieron la vida.

La gente que vivió el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) debe de reconocer que en los primeros tres años de mandato, la sociedad ( o los que en ella importaban) y los medios nacionales y extranjeros se desvivían en elogios para el hombre que llevaba a México a la modernidad, a la libre empresa y la integración económica mundial. El “Señor Presidente” no cometía errores y sus palabras eran “mantras” de sabiduría y superación espiritual. El país ascendía la escalera de las potencias y comería perdices por siempre.

Curiosamente, esos admiradores convencidos son, a la vuelta de la Historia, los primeros en negar su pasado político y “denunciar” los delitos y las prebendas de esos años. Hábiles camaleones se instalan en la humildad de “aceptar” la equivocación y ventilar las porquerías que ellos solaparon y disfrutaron.

Es la réplica de “yo sólo recibí ordenes, no tengo la culpa”. Es patético que los viejos lobos de mar de la grilla nacional muerdan el anzuelo o que los reconocidos mastodontes de la información oficial tengan lapsos de amnesia selectiva. Señores y señoras también ustedes construyeron a Salinas a través de sus ambiciones personales y las ráfagas de poder que se metieron en las bolsas.

Mientras que Cárdenas o Muñoz Ledo son puestos en el altar de la democracia, por los “olvidadizos” camaradas que borraron el “chaquetazo” ideológico cuando salieron del Partido Revolucionario Institucional más por la insatisfacción de caprichos personales que por ser amantes de la transformación democrática de la nación. Sólo investiguen qué hicieron estos adalides de la libertad cuando el primero estaba en la nomina del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) en las jornadas aun no castigadas del movimiento estudiantil de l968, y el segundo era la gran estrella de Luis Echeverría (1970-1976) en el jueves de Corpus de 1971.

Y no toquemos la valiente defensa que Cárdenas hizo del supuesto triunfo electoral para la presidencia compitiendo con Carlos Salinas de Gortari.

En el recuento de los hechos, tenemos que mostrar decencia y no inclinar la balanza porque el señor Salinas sacó a relucir la candidez siniestra de un pueblo y de una clase dominante que deseaba escuchar precisamente lo que el “salinismo” pregonaba.

Los delitos demostrados o no del casi legendario “Innombrable” han sido repetidos y superados por las administraciones que le siguieron, que si los crímenes de estado, que si la negociación con el narcotráfico, que el nepotismo, que el robo, que los pactos por debajo del agua, ciudadanos: ¡No se den baños de pureza!: para llegar a la Silla Presidencial es obligado pagar costos y comer mierda. A su manera cada presidente de este país se ha vendido a quien mejor le parece y ha engañado al pueblo simplemente porque no le interesa, porque la gentecita sólo está en forma de votantes y de estadística que mueve presupuesto.

Y si hemos de ser objetivos, la transición de Vicente Fox (2000-2006) guarda muchos pendientes no aclarados hasta que no lastimen a nadie, incluyendo, su sucesor.

El señor Miguel de la Madrid otorga la confirmación de la nota, para la anécdota o el libro oportuno. A veinte años de ocurrida, la verdad envejece y las consecuencias son tenues. El juicio ciudadano es suave y la terquedad de Andrés Manuel López Obrador ha limado la fuerza oscura de Carlos Salinas al punto que para las generaciones jóvenes es un personaje carnavalesco o un excelente disfraz para la noche de brujas.

Las “revelaciones” de Miguel de la Madrid llegan tarde y sólo agitan el agua en un periodo electoral en que los partidos no tienen nada que ofrecer ni personalidades atrayentes que reduzcan el abstencionismo con que la gente común les devolverá el fracaso de estos tres últimos años.

Con la idea que me quedo es la de la negociación, esa peculiaridad que el panismo no comprende y que ha puesto en picota la cabeza de sus dos primeros mandatarios. Quizás el valor agregado de Salinas fue negociar lo mejor para él sin menospreciar la finalidad del otro. Tal vez ese sea el ingrediente de la vieja política mexicana que esta grilla embrutecida no comprende. El pastel alcanza, sabiéndolo repartir.

Ojalá que en la mentalidad gris del señor de la Madrid, su confesión le permita dormir bien como lo ha venido haciendo por dos décadas. Felices sueños.

miércoles, 13 de mayo de 2009

CULTURAS Y MEDIOS: ENTREVISTA A JULIÁN GARCÍA

EDITORIAL: LA FRÁGIL SEGURIDAD

Por: Raúl Gómez Miguel


Desoyendo las loas al gobierno federal, la Organización Mundial de la Salud está cambiando su versión inicial de la propagación del virus de la influenza humana y comienza a disentir de los reportes sanitarios de México.

El avance en el conocimiento del virus permite detectar mutaciones que por lógica son más agresivas que la fuente común y que tienen un manejo diferente a lo hasta ahora establecido en el protocolo de prevención.

No obstante, el optimismo oficial (de dientes para fuera) convence a quien lo desea que la “normalidad “ regresó a casa y que la seguridad del ciudadano está respaldada. Situación que dista mucho de la información real que guardan celosamente los organismos epidemiológicos mundiales.

La administración pública se ha ocupado de responder las declaraciones seniles de Fidel Castro, las persecuciones de connacionales en la Sociedad Internacional y está ablandando la retaguardia de mantener a la población en un ánimo de alerta media.

La gente ha cerrado los ojos a los datos y prefiere meterse en la rutina y el despiporre antes que aceptar la fragilidad de la seguridad propia y ajena. El tapabocas es un objeto del pasado. Los hábitos de higiene se relajan. Se piensa que el mexicano se está haciendo inmune y pronto se aturde con los ruidos de fondo.

Nadie escarmienta en cabeza de otro pero, por lo menos, se puede detener a informarse y a no tomar las cosas a la ligera, augurando que la influenza se cura sola como anuncian en ciertos portales de Internet.

El arranque pálido de las campañas electorales, la publicación del libro de Carlos Ahumada, el retorno burlón de Vicente Fox a la comidilla pública y, ahora, la confesión de Miguel de la Madrid asegurando los nexos de Raúl Salinas con el narcotráfico y su equivocación al elegir como sucesor del Poder Ejecutivo a Satanás encarnado están llenado de bruma la realidad y no faltarán otros conejos dentro del sombrero de copa de la distracción popular para no llevarnos por el sentido común que debemos seguir cuidando de todos.

De aquellas extensas coberturas periodísticas de la enfermedad, el espacio va reduciéndose, las notas se agrupan y, aunque sean de primera plana, un diseño estratégico mueve la lectura a eventos de menor prioridad.

Por supuesto que tenemos que aprender a vivir en las nuevas condiciones sanitarias que trae la globalización y el subdesarrollo histórico del país, pero eso no autoriza a darle vuelta a la página rogando que la emergencia sea agua pasada y que casi por control mental, el pueblo esté seguro en los sitios donde efectúa sus actividades cotidianas.

Una muestra de este pensamiento casi homicida es la reacción negativa del sector hotelero al saberse de la reducción de vacaciones impuestas por la Secretaría de Educación Pública que trata de salvar el año escolar. La respuesta a bocajarro fue que a ver qué otras opciones jugaba la dependencia, pues el recorte de las vacaciones daría la puntilla a la infraestructura turística. El nivel de interés individual sobre el colectivo es bastante claro.

Ya nos tocó la de perder, ¿vamos a continuar pasivos?.

Esa determinación sólo usted sabrá tomarla.

martes, 12 de mayo de 2009

FARFADET: Nuevo huésped

POR: Marcia Trejo


- ¡En la madre! ¡¿Qué carajos es esto?! –me pregunté aterrorizada frente al espejo: parecía prófuga de película tailandesa de miedo, era yo la mismísima demostración nacional de que Kafka no se pachequeaba y que es posible despertar convertida en algo inesperado.

La parte racional de mi persona se quedó muda, cosa anormal en mí ya que hablar rápido y con pocas pausas es una de mis virtudes, de mis defectos y de mis encantos. Después de un par de segundos me atreví –con la puntita del índice- a rozar “eso” que había nacido en la mitad de mi estómago, arribita del ombligo.

– Mmmm, se siente chistoso, como si fuera carnita. Su aspecto no es extraño, parece un brazo. Pero, ¿por qué tengo un tercer brazo en la panza?- me pregunté, no porque me moleste la ubicación, sino la particularidad de contar con una extremidad que hasta ayer no tenía.

Tomándolo suavemente con el índice y el pulgar lo llevé a mi nariz, olía a piel. Tímidamente le di una chupadita, sabía a piel. Ya con más confianza, lo giré de tal modo que la palma quedara frente a mi cara y ¡madres! que me pellizca la nariz. Cualquiera que haya intentado alejarse de su propio brazo sabrá que no es una labor fácil; lo más que conseguí fue poner una sana distancia de unos 75 centímetros entre mi cara y su palma. Nos miramos fijamente, más bien yo le miré y eso se relajó.

Después de recuperar la respiración, cosa no muy fácil después de veinte años de fumadora, mi mente empezó a trabajar. Siguiendo la filosofía mexicana que “de lo perdido, lo hallado” y “bicho que no mata, engorda”, llegué a la inteligentísima conclusión de que había que hacer algo al respecto y ya.

Mi primera opción fue ¡amputación!, misma que mi parte más lógica y directamente ligada a la supervivencia descartó porque si Eso sentía, entonces significaba que estaba unido de alguna manera a mi cuerpo, es decir, que si lo cortaba seguramente me iba a doler. Dos, recurrir al conocimiento; tras un buen rato de checar en la red y los libros, sabía que tener tres brazos no era común, por lo menos entre los seres humanos, que podía tratarse de alguna malformación genética o una alucinación provocada por un brote psicótico o psicotrópico, como ni me drogo y todavía no entro a las ligas mayores de la psicopatología, tuve que hacer lo que cualquier mexicana casi cuarentona haría: pedir ayuda.

Una vez vestida y con mi tercer brazo rodeando mi cintura, corrí a la escuela. Para mi buena suerte, el Abuelo estaba ahí. En tres segundos lo arrastré al salón más solitario y me empecé a alzar la blusa.

– Marcia, gracias por el strip tease, pero no eres mi tipo.
– No seas bruto. Mira lo que me salió.

El Abuelo, con esa tranquilidad que le da haber escapado de otra dimensión, me miró como si le acabara de decir que tenía dos piernas.

– ¿No te habías dado cuenta?, si todos lo tenemos-. Y alzándose la camisa me mostró el suyo.
– ¿Y por qué no lo había visto?- pregunté.
– Seguramente porque no habías mirado con cuidado.
– ¿Y se me va a quitar?
– No lo creo, es de nacimiento. Así que lo mejor es que te acostumbres-. Me dedicó la mejor de las sonrisas, con su tercer brazo acarició suavemente al mío y se marchó, llevando el ritmo -con el chasquido de sus tres manos- de una canción que sólo estaba en su mente.

La noche fue larga y surrealista. Un rayo de luna iluminaba a mi nuevo apéndice que parecía de lo más tranquilo. Pues bien, ya que resulta que era mío desde hacía décadas y no me había tomado la molestia de conocerlo, pues la lógica dictaba establecer algún tipo de diálogo.

– Pssst, pssst.

El aludido se incorporó ligeramente apoyándose en los dedos, se giró hasta recargar su peso en el dorso de la mano y, semejando silla sesentera, hizo algo parecido a prestar atención.
- ¿Quién eres?- pregunté.
Mi tercer apéndice superior, me señaló con el índice.
- ¿Eres yo?- dije extrañadísima.
Si una mano pudiera sonreír supongo que lo habría hecho, pero hizo algo rarísimo –si es que existe algo aún más raro- sonrió con mis labios.
- Ahora sí, ya chingué a mi madre- pensé con voz mental temblorosa- ahora resulta que es algo así como el brazo perdido del exorcista y que se puede posesionar de mí.
De mi boca salió tremenda carcajada.
– Por lo menos tienes sentido del humor- dije.

Ya metida de lleno en la dimensión desconocida, asumí que si los hindúes tenían un tercer ojo que les permitía ver más allá de lo evidente, pues yo -con la particular visión del mundo que me da haber nacido en la tierra de los nopales y haber leído a Kalimán de niña- podía tener un tercer brazo, ya nada más el chiste era descubrir para qué me servía. Resignada –con aceptación, diría un bigotón que conozco por ahí- me fui a dormir.

No voy a detallar los pormenores de mi adaptación al huésped que –más rápido que pronto- pasó a convertirse en miembro vitalicio de mi vida. Digamos, que hemos ido aprendiendo a disfrutar la mutua compañía y la comunicación ya es asunto dominado, algo así como una mezcla de pensamientos y emociones a medias.

Hoy, que veo desde mi futuro, puedo hacer un recuento de qué me ha traído y debo aceptar que los regalos llegan a veces en extraños paquetes. De entrada, la lectura se ha vuelto un asunto digamos “particular”, a veces indica con el dedo algún pasaje mientras llena mis ojos de lágrimas; creo que lo hace a propósito, para darle suficiente tiempo a las palabras para brincar de mi cerebro al corazón. Cuando regaño a los alumnos, con la mano derecha califico, con la izquierda los señalo y, con la tercera, les digo que creo en ellos y que estoy convencida de que pueden llegar a ser mejores. A veces, en franca rebelión (porque eso sí, tiene su genio), me da un zape cuando mi cerebro monopoliza la boca y no lo dejo hablar. En ocasiones, anda de ánimo simple y se dedica a hacerme cosquillas en el cerebro y el corazón para que riamos juntos. Otras veces, cuando dormimos, mi tercera mano toma la de Raúl y redescubro en qué consiste el amor.

Por supuesto, he tenido que aprender a respetar y amar su personalidad. Sé que tiene personas favoritas y cuando las ve –cual perrito enloquecido con correa- me arrastra a sus brazos. En ocasiones, sabe que quien necesita el abrazo soy yo y, con toda la ternura contenida de años, me acoge y me dice que todo saldrá bien.

¿Qué sería sin él? Supongo que un dúo incompleto, un Sherlock Holmes sin Watson, un Dr. Jekyll sin Mr. Hyde, un Hannibal Lecter sin su Clarice, un Dios sin Diablo...

¿Su nombre? No lo necesita porque ya es parte de mí. Hay ocasiones en que le llamo polvo de estrellas, que no es más que el pedazo de infinito que todos llevamos dentro o el rastro que deja Dios al caminar por el cielo para que podamos encontrarlo.

MALA LECHE: EL DOCTOR Y LOS EXTRATERRESTRES

Lo sabíamos y nunca lo valoramos en su excepcionalidad, grandeza y trascendencia universal, tenía que venir la Universidad de Emory(metodista y financiada con dinero de la Coca Cola a la que le trabajó en su juventud el homenajeado), en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, a brindar el Doctorado Honoris Causa a don Vicente Fox Quesada, ex presidente de México, por “su liderazgo internacional en temas de democracia y sus iniciativas emprendedoras” para que sus connacionales nos sonrojáramos por la falta de visión al no detectar en la figura de “El Botas” al estadista que salvó la Patria e hizo de esta nación un espacio de admiración planetaria que aún no se recupera de la enorme pérdida de su mando. No somos nada. Perdón, cegados por la luz.

Los Dodos estamos conmocionados porque habíamos dudado del temple y el carácter de “Chente” en eso de los tejes y manejes de las relaciones exteriores, ya ve que en su sexenio México perdió toda su política exterior y causó hilaridad los incidentes diplomáticos protagonizados por el hijo predilecto de Guanajuato. Pero hay un dios que todo lo ve y hace justicia. Tanto burlarnos de su INEPTITUD y ahora descubrimos, según los gringos sureños, que no sólo tiene cerebro sino un cinismo a prueba de balas para prestarse a tamaño circo, después que por estas tierras el ciudadano lo a-dora en leña verde y maldice la hora en que se le ocurrió votar por el mandatario más folclórico del siglo XXI, que legó una crisis política, económica y social tan profunda como las de los grandes dinosaurios priístas.

Con estos arranques de premiación, hasta el burro que tocó la flauta merece un monumento. Alabado sea el panismo y la estupidez de sus criaturas para confiar que el señor Fox es algo más que un pésimo “clown” de la misma estirpe del Negro Durazo y otros nefastos funcionarios públicos laureados.

Si tanto admira a Fox la antigua confederación, que se lo lleven con todo: señora, partido, parientes, amigos y Centro de adoctrinamiento bárbaro, a ver si lo aguantan un día de gobernante.

Ya enchilados ¿qué es eso de que los mexicanos somos una raza aparte? ¿Qué nuestro mapa genético es una mezcolanza bien rara y que chance y somos extraterrestres?. Demandamos una explicación. Está bien que seamos un pueblo bastante extraño y medio de caricatura, sin embargo, hasta donde sabemos eso no basta para que nos etiqueten como únicos en la especie humana y, por ende, sabrá la que nos trajo cuántos inconvenientes tendremos integrados en el reparto de enfermedades y esperanza de vida.

Y todavía con estos señalamientos se espera que no nos discrimen por autóctonos propensos a males exóticos y anomalías genéticas dignas de un argumento de Ed Wood. No la chiflen, que seamos “mollenitos” (fusión de las palabras moreno y lleno) no faculta a los científicos a pitorrearse a nuestras costillas. Los mexicanos somos de la Tierra, a pesar que el aspecto no nos ayude. No venimos con los “aliens” o los “depredadores”. Que aguantemos casi todo, menos una nueva influenza que no conocíamos, no comprueba nada. Por eso México significa el lugar donde vive los mexicanos, o sea, nosotros. Que quede claro. Faltaba más.

Posdata.- ¿Quiénes son los compradores compulsivos de un libro llamado “La corrupción azul” de Daniel Lizárraga que a toda costa impiden que el electorado conozca otra faceta de la derecha activa nacional?

lunes, 11 de mayo de 2009

AVISO URGENTE A LOS LECTORES

En las últimas semanas, la celeridad de los acontecimientos impuso que nuestro blog cambiara constantemente el contenido de la página principal, moviendo textos que sólo se expusieron unas cuantas horas y que merecen ser leídos con detenimiento. Por ello, invitamos a quienes nos visitan que, a través del índice de contenido, revisen ese material, o de lo contrario no tendrán la vida que ustedes les inyectan con cada lectura.

ATENTAMENTE

El Último de los Dodos

EDITORIAL: CAMINITO DE LA ESCUELA

Destrozando los momentos Kodak de la Primera Dama de México y el Secretario de Educación en mangas de camisa, dándole a la escoba y el recogedor para el regreso de los chiquitines a las escuelas de los niveles restantes, en los círculos médicos la zozobra empieza a pintarse de contagio masivo ante el ascenso de casos sospechosos de influenza humana.

Algunos Estados ponchando el ánimo jubiloso del Presidente, se zafaron del riesgo y anunciaron una prolongación mayor en la suspensión de clases hasta que no vean claro en qué embrollo están metidos.

Es también digno de tomar en cuenta que los partidos políticos no le han querido atorar a las calumnias por la influenza y han preferido el ataque suavecito, eso sí con las dosis tremendistas de costumbre y las pésimas estrategias mercadológicas y propagandísticas que suelen costar millones y que no reportan una seducción real del votante.

El control sanitario de la influenza va reportando irregularidades tan pronto como se conocen e intercambian las experiencias vividas por los ciudadanos y la inconformidad de ciertos sectores especializados por que no empatan las cifras federales con otros registros. Esto está muy raro y se vislumbran novedades ingratas.

En la Ciudad de México el destape está en pleno y los ciudadanos de corta memoria andan por las calles emitiendo sus fluidos sin protección alguna. Para ellos, la normalidad ha regresado, ¿acaso no los medios de control social y los empresarios invitan a la diversión y el consumo?. La idea generalizada que el semáforo de salud terminará siendo obsoleto, les otorga un argumento de excepción para bajar la guardia.

La apertura de la totalidad de las escuelas será la prueba de fuego de más de un funcionario, pues cada niño es en sí mismo un posible riesgo epidemiológico, a pesar de los cuidados que tenga. Vale la pena recordar que la prevención en ese sector vulnerable de la población posee dos frentes; la protección que aportan los padres y la protección que aporte el personal de las escuelas. Sin embargo, la renuencia de padres y profesores a efectuar labores que no son de su competencia hablan fuerte de la necedad en negar el piso frágil en el que caminarán sus hijos.

El hacinamiento humano, la limpieza hecha con mal gana, el suministro de recursos básicos de higiene y la demagogia de la burocracia se pueden combinar en un perjuicio grave de salud pública en el que ciudadanos y autoridades tendrán la culpa por igual.

La Secretaría de Educación Pública y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se están cubriendo la retaguardia, en especial la antológica maestra que no pierde el tiempo en tonterías y opta por apalancar a los buenos congresistas que se deben a su poder y a cobrar las facturas políticas que los “grandes” tienen que pagarle so pena de unos balazos demagógicos amigos.

Es honesto. Padre y Madre de Familia, Directores, Profesores, Trabajadoras Sociales y el pleno del engranaje laboral de las escuelas, no deben de relajar las medidas de prevención y habrá que hacerse a la idea de que este virus, como muchos más que irán surgiendo en el futuro, llegó para quedarse, para que aceptemos lidiar con esa desventura y doblar esfuerzos para proteger a nuestra especie.

Si reducimos toda la palabrería empleada por los especialistas en prevención, el sumo es simple: cumplir los hábitos higiénicos que siempre hemos sabido e inculcarlos en la niñez y la juventud.

Haciendo cada uno la parte correspondiente no tiene razón imaginar desgracias, mas tomado a la ligera, el saldo es aterrador.

Piense y Actúe.