POR.- EL DODO PAMBOLERO
A todas las especies que viven la intensidad del fucho, los saluda el DODO PAMBOLERO, instalado en la sección VIP de la redacción de EL ÚLTIMO DE LOS DODOS, para dar testimonio del primer mundial que cubre el blog de su preferencia, en Sudáfrica, donde un grupo nutrido de DODOS de todo el mundo se han dado cita para apoyar a las selecciones respectivas, de forma tramposa porque los DODOS somos universales, o sea que gane quien gane NUNCA perdemos, juar, juar, juar.
Estoy nervioso por el principio del partido inaugural entre el seleccionado del país anfitrión y su homólogo de México, en un juego al borde del asiento. Como no somos una potencia futbolera, dependemos del favor divino y que Santa Petra, la callosa, y San Nabor, se apiaden de los ratones verdes, aunque el mala suerte de Felipe Calderón esté en el estadio. ¡Va a pitar el árbitro!
El primer tiempo con un lógico predominio de México, terminó como el promedio de los partidos de preparación. Mucho técnica, mucha táctica, pero en el momento de anotar, nada más la vergüenza. Otra vez la fregadera del jugar bien lindo y el balón que no entra. A pesar de que el hombre más importante de estos cuarenta y cinco minutos fue “Gio” por las opciones claras que dio para que la delantera tricolor estuviera arriba en el marcador. Con un gol anulado, de Carlos Vela, por fuera del lugar, y unos últimos instantes cardiacos en que Sudáfrica se lanzó a torpedear la portería mexicana, las escuadras se fueron al descanso cero a cero.
Empieza a preocupar que la retaguardia de los ratones “negros” empiece a tambalearse por distracciones y excesos injustificados, que en una de esas, podrían darle la voltereta al partido.
Gol de Sudáfrica. La defensa mexicana no alcanza a reaccionar. Uno a Cero.
GOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLLLLLLLLLL de Rafael Márquez; el empate.
El partido terminó y el sabor es amargo. A pesar de no haber perdido, de puritito milagro, México deja mucho que desear y no se ve tan promisorio el próximo encuentro con Francia, y la calificación a la siguiente ronda, para variar pende, de un hilito.
En corto, la mentada campaña publicitaria de dejar “el ya se pudo” no “macha” con la realidad. Un empate de apenitas.
Ahora vamos al siguiente partido:
Uruguay y Francia salieron a no hacerse daño, medirse las fuerza y esperar una calificación pasando sobre México y Sudáfrica, a pesar de la diferencia de un gol; circunstancia que complica aún más, si se puede, la trascendencia del siguiente encuentro mexicano que será con los galos el próximo jueves.
Honestamente, digan lo que digan los medios, el horno no está para bollos y la Selección Mexicana necesita menos habladas y mayor fútbol asociación.
sábado, 12 de junio de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
SINSEN: FÚTBOL
Con este trabajo el Dodo Pambolero asume durante un mes la dirección del blog frente a la clara oposición y gigante preocupación de los demás Dodos, mismos que durante la votación efectuada para este hecho insólito votaron, pero misteriosamente votaron por lo que no querían, algo así como Calderón y compañía.
Las habituales secciones -dependiendo del humor del Dodo Pambolero que esperamos no rebase el entusiasmo de la primera ronda- irán apareciendo en consideración al sector inteligente de nuestros Dodofanes y Dodolectores.
Atentamente
El Último de los Dodos (sin peluca tricolor, maquillaje idem o playerita verde, por el momento)
POR: ROLANDO GARRIDO ROMO
Desde que comencé a ver campeonatos mundiales de fútbol en 1970, he escuchado las mismas críticas, descalificaciones y argumentos sobre la banalidad de estos eventos; la manipulación que las clases dirigentes (políticas y económicas) realizan a través de los mismos, para que las masas se olviden de sus problemas, al menos por unas semanas; el afán de atar el honor patrio a los botines de doce calzonudos; la incultura que refleja un pueblo al estupidizarse ante el televisor, viendo a 22 tipos pegarle a una pelota y correr por hora y media de un lado a otro, para anotar un gol y después salir corriendo a festejar de maneras cada vez más ridículas; y cosas similares.
A veces me pregunto si quienes hacen las críticas alguna vez jugaron al fútbol. Y es que el deporte en sí es una cosa, y el mal uso que se ha hecho de él (como de casi todo) en nuestras sociedades mercantilizadas y mediatizadas, es otra.
Para los millones de niños que jugamos en las calles (al menos yo así lo hacía, antes de que los fuegos cruzados y los secuestros express desaparecieran esa práctica de muchas colonias y barrios de nuestras ciudades) el poder golpear una pelota, forcejeando en las jugadas con tus amigos y sí, festejando como locos un gol anotado en las improvisadas porterías, constituía el punto culminante de una jornada que podía ser difícil, aburrida, o a veces estresante, en la escuela, el hogar o el entorno en donde uno vivía.
El fútbol, para el que lo juega, significa una liberación, pues el esfuerzo físico que implica; la mucha o poca técnica que tiene que utilizarse para el dominio del balón; la lucha cuerpo a cuerpo para su control; la coordinación que se requiere entre los miembros del equipo para atacar y defender (por rudimentario que sea), y el afán de vencer, son elementos que implican una tensión física y una atención mental, que pone a cuerpo y mente a trabajar equilibradamente, y que sin duda mejoran la constitución y la formación de niños y niñas, hombres y mujeres que lo practican.
Por supuesto, estos y muchos otros elementos forman parte del deporte organizado en general, de ahí la relevancia grandísima que tiene para sociedades que se respetan, ya que no sólo es una actividad recreativa, sino formativa, e indispensable en la educación y en la vida diaria de la población.
Dicho lo anterior, regreso a las críticas, válidas sin duda, a la grosera manipulación mediática y política (ya está Calderón de paseo en Sudáfrica) que se hace de estas justas mundialistas.
Sin duda, la FIFA es una megaempresa construida para hacer cientos de millones de dólares con el fútbol, y ha impulsado hasta la náusea la mercantilización del deporte.
Los que manejan para sus intereses el fútbol, lo han prostituido. En especial, en México, las dos televisoras, han utilizado al fútbol, no sólo para hinchar sus bolsillos con toda la parafernalia comercial que va alrededor del deporte, sino que han logrado que los ciclos de buena parte de la población ya no funcionen de acuerdo a los sexenios políticos, sino a los cuatrienios mundialistas.
Los gobiernos de todo signo pretenden presentar los triunfos (en el caso mexicano, muy escasos) de su selección como la muestra del éxito de sus políticas públicas, y más aún, de la “grandeza nacional”, desvalorizando así la verdaderas (o casi) hazañas de los héroes patrios, que empequeñecen ante el último gol del estrella del momento.
Creo que no vamos a poder evitar este mal uso de un deporte tan sano y tan bello como el fútbol. Sólo espero que las críticas que se dirigen al abuso comercial y político de este deporte en el mundo, no pierdan de vista el bien que su práctica hace a millones de personas en el planeta, y que desgraciadamente, por el poder de los medios de comunicación y de las grandes empresas; por la ignorancia de mucha gente sobre esta situación y también por su gusto por este deporte, caen en las malsanas redes de la manipulación mercadológica y política que se hace del fútbol.
En todo caso, en este mundial de Sudáfrica, los resultados que obtenga nuestra selección quedarán rápidamente en el olvido, si son malos; pues las televisoras se encargarán de atar a la afición mexicana a algún otro seleccionado (Brasil por ej.), se buscará al “chivo expiatorio” que pague los platos rotos (el DT Aguirre, el Bofo, el Conejo, o ya se verá quién), y se le dará vuelta a la página.
Pero si los resultados son positivos, ya tendremos cuatro años de recuerdos , análisis y lo que es peor, venta de cualquier cantidad de productos y servicios por parte de los “héroes” de la selección. Total, no aprendemos.
Las habituales secciones -dependiendo del humor del Dodo Pambolero que esperamos no rebase el entusiasmo de la primera ronda- irán apareciendo en consideración al sector inteligente de nuestros Dodofanes y Dodolectores.
Atentamente
El Último de los Dodos (sin peluca tricolor, maquillaje idem o playerita verde, por el momento)
POR: ROLANDO GARRIDO ROMO
Desde que comencé a ver campeonatos mundiales de fútbol en 1970, he escuchado las mismas críticas, descalificaciones y argumentos sobre la banalidad de estos eventos; la manipulación que las clases dirigentes (políticas y económicas) realizan a través de los mismos, para que las masas se olviden de sus problemas, al menos por unas semanas; el afán de atar el honor patrio a los botines de doce calzonudos; la incultura que refleja un pueblo al estupidizarse ante el televisor, viendo a 22 tipos pegarle a una pelota y correr por hora y media de un lado a otro, para anotar un gol y después salir corriendo a festejar de maneras cada vez más ridículas; y cosas similares.
A veces me pregunto si quienes hacen las críticas alguna vez jugaron al fútbol. Y es que el deporte en sí es una cosa, y el mal uso que se ha hecho de él (como de casi todo) en nuestras sociedades mercantilizadas y mediatizadas, es otra.
Para los millones de niños que jugamos en las calles (al menos yo así lo hacía, antes de que los fuegos cruzados y los secuestros express desaparecieran esa práctica de muchas colonias y barrios de nuestras ciudades) el poder golpear una pelota, forcejeando en las jugadas con tus amigos y sí, festejando como locos un gol anotado en las improvisadas porterías, constituía el punto culminante de una jornada que podía ser difícil, aburrida, o a veces estresante, en la escuela, el hogar o el entorno en donde uno vivía.
El fútbol, para el que lo juega, significa una liberación, pues el esfuerzo físico que implica; la mucha o poca técnica que tiene que utilizarse para el dominio del balón; la lucha cuerpo a cuerpo para su control; la coordinación que se requiere entre los miembros del equipo para atacar y defender (por rudimentario que sea), y el afán de vencer, son elementos que implican una tensión física y una atención mental, que pone a cuerpo y mente a trabajar equilibradamente, y que sin duda mejoran la constitución y la formación de niños y niñas, hombres y mujeres que lo practican.
Por supuesto, estos y muchos otros elementos forman parte del deporte organizado en general, de ahí la relevancia grandísima que tiene para sociedades que se respetan, ya que no sólo es una actividad recreativa, sino formativa, e indispensable en la educación y en la vida diaria de la población.
Dicho lo anterior, regreso a las críticas, válidas sin duda, a la grosera manipulación mediática y política (ya está Calderón de paseo en Sudáfrica) que se hace de estas justas mundialistas.
Sin duda, la FIFA es una megaempresa construida para hacer cientos de millones de dólares con el fútbol, y ha impulsado hasta la náusea la mercantilización del deporte.
Los que manejan para sus intereses el fútbol, lo han prostituido. En especial, en México, las dos televisoras, han utilizado al fútbol, no sólo para hinchar sus bolsillos con toda la parafernalia comercial que va alrededor del deporte, sino que han logrado que los ciclos de buena parte de la población ya no funcionen de acuerdo a los sexenios políticos, sino a los cuatrienios mundialistas.
Los gobiernos de todo signo pretenden presentar los triunfos (en el caso mexicano, muy escasos) de su selección como la muestra del éxito de sus políticas públicas, y más aún, de la “grandeza nacional”, desvalorizando así la verdaderas (o casi) hazañas de los héroes patrios, que empequeñecen ante el último gol del estrella del momento.
Creo que no vamos a poder evitar este mal uso de un deporte tan sano y tan bello como el fútbol. Sólo espero que las críticas que se dirigen al abuso comercial y político de este deporte en el mundo, no pierdan de vista el bien que su práctica hace a millones de personas en el planeta, y que desgraciadamente, por el poder de los medios de comunicación y de las grandes empresas; por la ignorancia de mucha gente sobre esta situación y también por su gusto por este deporte, caen en las malsanas redes de la manipulación mercadológica y política que se hace del fútbol.
En todo caso, en este mundial de Sudáfrica, los resultados que obtenga nuestra selección quedarán rápidamente en el olvido, si son malos; pues las televisoras se encargarán de atar a la afición mexicana a algún otro seleccionado (Brasil por ej.), se buscará al “chivo expiatorio” que pague los platos rotos (el DT Aguirre, el Bofo, el Conejo, o ya se verá quién), y se le dará vuelta a la página.
Pero si los resultados son positivos, ya tendremos cuatro años de recuerdos , análisis y lo que es peor, venta de cualquier cantidad de productos y servicios por parte de los “héroes” de la selección. Total, no aprendemos.
jueves, 10 de junio de 2010
LOS LECTORES OPINAN: OTRAS HISTORIAS DE CLONACIÓN TARJETERA
A esto (de la clonación tarjetera) hay que añadir que existe una nueva disposición del Banco de México que estipula que las tarjetas que cuenten con chip, es decir, aquellas en las que ya no necesita firmarse un boucher porque el usuario digita su NIP, ahora serán responsabilidad exclusiva del usuario.
En concreto, si la clonan, es culpa del tarjetahabiente; si se la roban y digitan el NIP (que se pudo haber robado u obtenido bajo amenaza), es culpa del tarjetahabiente; si acude acompañado de un ladrón y digita su NIP, es culpa del tarjetahabiente; todo lo anterior bajo el argumento que como uno digitó su NIP y éste es secreto, pues lástima Margarito.
¡Ah, por cierto! el objetivo de esta nueva disposición es, según Banco de México, fomentar el uso de tarjetas con chip porque son más seguras (¿¡!?). Supongo que más seguras para los bancos porque así -pese a que cuentan con seguros para esas situaciones- ahora no correrán el terrible riesgo de responsabilizarse por los instrumentos bancarios que emiten.
Marcia
Una vez más el gobierno hace como que hace.
Hará unos meses atrás tuve un caso similar con HSBC. Me querían hacer un cobro por la clonación de mi tarjeta, sin embargo, pague un seguro para ello, aun y cuando se comprobó la clonación de la misma el banco insistió en varias ocasiones que le debía ese dinero mas intereses.
Si careciera de "huevos" o de coraje ciudadano, hubiera aceptado pagar dichos cargos moratorios, obviamente como eso no va con mi asquerosa personalidad no accedí, lo que me llevó a un juicio en la CONDUSEF (que aunque no lo crean sí sirve o al menos mí me sirvió). En pleno juicio el banco insistía, mediante llamadas acosadoras a las 6 de la mañana y hasta las 12 de la noche (supongo que con el fin de doblegar mi espíritu combativo); era más que evidente que los del call center terminaron por decir "ya no quiero hablar con ese güey porque no más me dice que soy un pendejo y que chingue a mi madre"; todo terminó con una disculpa y la cancelación de parte de mi deuda.
Arturo
En concreto, si la clonan, es culpa del tarjetahabiente; si se la roban y digitan el NIP (que se pudo haber robado u obtenido bajo amenaza), es culpa del tarjetahabiente; si acude acompañado de un ladrón y digita su NIP, es culpa del tarjetahabiente; todo lo anterior bajo el argumento que como uno digitó su NIP y éste es secreto, pues lástima Margarito.
¡Ah, por cierto! el objetivo de esta nueva disposición es, según Banco de México, fomentar el uso de tarjetas con chip porque son más seguras (¿¡!?). Supongo que más seguras para los bancos porque así -pese a que cuentan con seguros para esas situaciones- ahora no correrán el terrible riesgo de responsabilizarse por los instrumentos bancarios que emiten.
Marcia
Una vez más el gobierno hace como que hace.
Hará unos meses atrás tuve un caso similar con HSBC. Me querían hacer un cobro por la clonación de mi tarjeta, sin embargo, pague un seguro para ello, aun y cuando se comprobó la clonación de la misma el banco insistió en varias ocasiones que le debía ese dinero mas intereses.
Si careciera de "huevos" o de coraje ciudadano, hubiera aceptado pagar dichos cargos moratorios, obviamente como eso no va con mi asquerosa personalidad no accedí, lo que me llevó a un juicio en la CONDUSEF (que aunque no lo crean sí sirve o al menos mí me sirvió). En pleno juicio el banco insistía, mediante llamadas acosadoras a las 6 de la mañana y hasta las 12 de la noche (supongo que con el fin de doblegar mi espíritu combativo); era más que evidente que los del call center terminaron por decir "ya no quiero hablar con ese güey porque no más me dice que soy un pendejo y que chingue a mi madre"; todo terminó con una disculpa y la cancelación de parte de mi deuda.
Arturo
AVISO: CLONACIÓN TARJETERA
DODOFANES Y DODOLECTORES:
Recientemente, se ha desatado una ola de clonación de tarjetas de débito, crédito y demás, en diferentes establecimientos comerciales de la Ciudad de México, específicamente en la cadena de SUPERAMA, parte del coloso Wal Mart, y con los bancos BANAMEX y BANCOMER.
No obstante, si escarbamos aparecerán otras firmas bancarias y otros lugares de consumo, en iguales circunstancias.
Según los funcionarios de las sucursales bancarias mencionadas, el problema de la clonación se ha detectado y se les ha avisado a los gerentes de las tiendas de esa anomalía, sin que suceda absolutamente nada.
En teoría, el uso de tarjetas se pensó para darle seguridad al usuario y no meterlo en una serie de historias que van desde la simple molestia de cambiar plástico cada mes hasta la desaparición de su dinero, pasando por gastos fantasmas que tardan en aclararse, no siempre a favor del titular.
No se necesita ser un genio para percatarse que detrás de estos robos a plena luz del día sólo pueden ocurrir por la asociación delictuosa de personal que mueve el dinero y las tarjetas, que en las impunidad se reconocen intocables.
La molestia está pasando a la acción y algunos usuarios están negociando con las empresas y clientes que les pagan, formas de recibir sueldos sin la necesidad de depósitos, a pesar del riesgo de cargar cifras importantes de efectivo, pues, están hartos de estas irregularidades.
Lejos de gastar en publicidad y patrocinios de valiente utilidad, bancos y supermercados tendrían que invertir en la calidad y la seguridad del servicio al cliente que es quién los sostiene.
LOS DODOS hacemos un llamado a la comunidad para que corran la voz y denuncien casos semejantes, a fin de atraer la atención de esa bola de payasos que, a través del cuento “Iniciativa México”, pretenden fomentar la unión de los mexicanos mientras otra panda de cabrestos nos complican la existencia, apoderándose del esfuerzo y el fruto del trabajo honrado con transas vergonzosas.
¡CUIDADO¡
¡ALERTA!
¡DENUNCIEN!
Recientemente, se ha desatado una ola de clonación de tarjetas de débito, crédito y demás, en diferentes establecimientos comerciales de la Ciudad de México, específicamente en la cadena de SUPERAMA, parte del coloso Wal Mart, y con los bancos BANAMEX y BANCOMER.
No obstante, si escarbamos aparecerán otras firmas bancarias y otros lugares de consumo, en iguales circunstancias.
Según los funcionarios de las sucursales bancarias mencionadas, el problema de la clonación se ha detectado y se les ha avisado a los gerentes de las tiendas de esa anomalía, sin que suceda absolutamente nada.
En teoría, el uso de tarjetas se pensó para darle seguridad al usuario y no meterlo en una serie de historias que van desde la simple molestia de cambiar plástico cada mes hasta la desaparición de su dinero, pasando por gastos fantasmas que tardan en aclararse, no siempre a favor del titular.
No se necesita ser un genio para percatarse que detrás de estos robos a plena luz del día sólo pueden ocurrir por la asociación delictuosa de personal que mueve el dinero y las tarjetas, que en las impunidad se reconocen intocables.
La molestia está pasando a la acción y algunos usuarios están negociando con las empresas y clientes que les pagan, formas de recibir sueldos sin la necesidad de depósitos, a pesar del riesgo de cargar cifras importantes de efectivo, pues, están hartos de estas irregularidades.
Lejos de gastar en publicidad y patrocinios de valiente utilidad, bancos y supermercados tendrían que invertir en la calidad y la seguridad del servicio al cliente que es quién los sostiene.
LOS DODOS hacemos un llamado a la comunidad para que corran la voz y denuncien casos semejantes, a fin de atraer la atención de esa bola de payasos que, a través del cuento “Iniciativa México”, pretenden fomentar la unión de los mexicanos mientras otra panda de cabrestos nos complican la existencia, apoderándose del esfuerzo y el fruto del trabajo honrado con transas vergonzosas.
¡CUIDADO¡
¡ALERTA!
¡DENUNCIEN!
MARCIANADAS: LICÁNTROPOS
A unas horas en que una parte importante de la humanidad decida convertirse en masa y aviente la inteligencia al caño, recordamos a estos seres legendarios capaces de ser una soberanas bestias y, por ende, ejemplo típico de la degradación imaginaria de la razón.
miércoles, 9 de junio de 2010
SINSEN: YO NO TENGO LA CULPA
POR.- ROLANDO GARRIDO ROMO
Erase una vez un lugar muy lejano ( o muy cercano) en donde todos sus habitantes vivían felices, despreocupados, disfrutando el momento (ni pasado, ni futuro), interesados sólo en sus asuntos, sin molestar a los demás, tratando de mantenerse con los escasos recursos que les proporcionaba su trabajo, y dedicados a convivir con su familia y amigos cercanos.
Pero un día, durante una fiesta infantil, de las muchas que se realizaban sin contratiempos, una pequeña niña subió a una resbaladilla, ya desgastada por el uso y el tiempo, y que por lo tanto, el resto de los niños ya no utilizaba por temor a que se desvencijara por completo. Pero ella, no advertida de ese peligro, subió las maltrechas escaleras con dificultad, y desde lo alto de la escalinata llamó a sus padres para que la vieran lanzarse.
Si bien la niña no era demasiado pesada, al dejarse caer con fuerza en el inicio de la bajada provocó que el último de los goznes que mantenía pegada la resbaladilla con la escalinata cediera, cayendo la niña desde 5 metros hasta el suelo, generando la conmoción de todo mundo.
Al llegar la ambulancia la niña estaba paralizada, no podía mover las piernas, y para su desgracia esto ya no tenía remedio.
En ese momento, los afligidos padres decidieron solicitar una explicación de lo ocurrido a los organizadores de la fiesta, quienes inmediatamente apuntaron hacia los dueños del salón donde se realizó el convivio.
Sin embargo, el salón de fiestas señaló que los juegos eran rentados y habían recibido el visto bueno de las autoridades locales.
Así, los padres iniciaron un recorrido para que alguien les indicara quien era el responsable de tan desafortunado incidente, pues no se podía culpar a la resbaladilla.
Las autoridades locales señalaron que había un departamento de Juegos y Sorteos que se encargaba de la supervisión de esos juegos; pero también otro de Seguridad para Eventos Masivos, y uno más para Reuniones en Vía Pública y/o Salones; pero también había otro encargado de supervisar las medidas en caso de contingencias imprevistas, y uno más para revisar los gastos de todos los departamentos involucrados; además de verificar lo que tuviera que decir la Contraloría, pues seguramente habría que checar la última auditoría; y también habría que preguntar al Departamento de Bomberos, que probablemente debió realizar una supervisión, y… en fin.
Mientras las autoridades definían cual de todos los departamentos era el responsable de verificar la seguridad de la resbaladilla, los padres buscaron apoyo económico para el tratamiento (de por vida) de su pequeña hija.
Entonces preguntaron a los papás de la festejada, pero ellos señalaron que debía ser el salón el que tuviera algún tipo de seguro; pero el salón señaló que era la empresa la que rentaba esa resbaladilla; la cual, por cierto tenía una dirección equivocada, pues pensaron los padres de la niña accidentada, no es posible que tenga sus oficinas en este terreno baldío; entonces, en lo que se buscaba a los accionistas o representantes de le empresa dueña de la resbaladilla, lo padres acudieron a las autoridades.
Las autoridades señalaron que debían checar con su seguro , para ver el caso; al hacerlo, los padres se encontraron con que debían comprobar con testigos, pruebas periciales y de haberlo, un video, la forma en que se accidentó la niña para poder hacer valer el seguro; así también, se revisaría que no hubieran hecho una reclamación similar anteriormente, no fuera ser que se tratara de unos defraudadores profesionales, por lo que la aseguradora tendría que entrevistar a todos los asistentes a la fiesta; habría que checar el estatus legal del salón, de la empresa arrendadora de la resbaladilla y las declaraciones y peritajes de todos los departamentos oficiales involucrados en la supervisión, para poder determinar si fue o no un accidente; porque, argumentó la aseguradora, pudo ser negligencia de los padres al dejar subir a la niña a una resbaladilla defectuosa, a la que otros niños no se subieron, por cierto.
Entre tanto, los padres tuvieron que iniciar el tratamiento de su hija y comprarle una silla de ruedas para que pudiera regresar a la escuela (pagando las terapias de su bolsillo, en espera del dictamen de la aseguradora).
A lo largo de todo este proceso, el feliz y lejano (o cercano) país en el que vivían estos pobres padres y su hija, comenzó a interesarse en la historia, debido a que algunos de los asistentes a la fiesta señalaron que la responsabilidad era de los descuidados padres al dejar a la niña subir a la resbaladilla defectuosa; otros estaban a favor de la niña, comentando que no había ningún señalamiento que advirtiera sobre el peligro; otras personas deslindaban de responsabilidad a los dueños del salón porque eran sus vecinos o familiares, y eran personas “intachables”; otros más criticaban a las autoridades por no revisar continuamente este tipo de juegos; algunos más acusaban a los legisladores por no prever estas situaciones en las leyes; los amigos y familiares de las autoridades señaladas comentaban que todo esto había sido preparado para desprestigiar al gobierno en turno; unos más señalaban que esto era producto de la facilidad para dar permisos a salones de fiestas sin demostrar que contaban con las medidas de seguridad suficientes, lo que denotaba la corrupción y por lo tanto la presencia de mafias en el gobierno; y otros más señalaban que…en fin.
Para colmo los padres no podían reinscribir a su hija a la escuela ya que había perdido demasiados días, que ya no podían recuperarse y para regularizarla se requería una dispensa especial de los departamentos de prestaciones, revalidación, programa de estudios, psicopedagogía, y otros 6 más; así como del poderoso sindicato y de las comisiones “espejo”, o sea iguales a las de los departamentos.
Además, habría que buscarle una escuela en la que se contaran con las facilidades logísticas para los discapacitados; y en este caso la escuela más cercana, con dichas características, estaba a 200 kilómetros.
Los padres solicitaron que se hicieran algunas adecuaciones en una escuela más cercana, pero ello implicaba una solicitud a la secretaría de obras de la ciudad, que la valoraría en 12 distintos departamentos, antes de pasarla a Finanzas , para que a su vez la pudiera aprobar (después de pasar por otros diez departamentos más), para que después la valorara contraloría (no vaya ser una petición fraudulenta), y finalmente pudiera llegar al alcalde, que la firmaría en el momento tan pronto regresara, pues últimamente había estado saliendo de viaje a Alemania, Inglaterra, Suiza y otros países para conocer los sistemas que permiten agilizar los trámites para la población.
Finalmente, los padres quedaron en la ruina pagando las terapias de la niña (que esperaba aún el dictamen de la aseguradora; la autorización para regresar a la escuela, y ya ni hablar de definir quién era el responsable de que estuviera ahí la desvencijada resbaladilla).
Las diferencias surgieron entre la población sobre quién era el responsable por la situación de la niña: los que organizaron la fiesta; los papás de la niña; la niña; los otros niños por no avisarle; los dueños del salón; los dueños de la resbaladilla; las autoridades que no quitaron la resbaladilla; los legisladores que no previeron estos accidentes; la resbaladilla.
Así, la armonía terminó en ese lejano (o cercano lugar) y el saludo cambió de los famosos buenos días al “yo no tengo la culpa..fue”, pues todos de una u otra forma se identificaban con este o aquel protagonista de la situación.
Por lo tanto, después de años y años en que esto continuó así, en lo único en que se pudieron poner de acuerdo fue en el nuevo nombre del país: “Bienvenidos a Yo no tengo la culpa”.
De esa forma, se eliminó la culpa, y con ello la responsabilidad. Si bien con esto las desgracias se multiplicaron, todos se sintieron más contentos pues incluso en el nombre del país se manifestaba la inocencia de todos los habitantes, y por lo tanto, alguien más (no se sabe quién) era el causante de los males del país.
Afortunadamente esto sucedió en un país muy lejano (o cercano) que no tiene que ver nada con el nuestro (cualquier parecido con hechos como el del Newsdivine, la guardería ABC, el caso Paulette, etc., etc. es mera coincidencia).
Erase una vez un lugar muy lejano ( o muy cercano) en donde todos sus habitantes vivían felices, despreocupados, disfrutando el momento (ni pasado, ni futuro), interesados sólo en sus asuntos, sin molestar a los demás, tratando de mantenerse con los escasos recursos que les proporcionaba su trabajo, y dedicados a convivir con su familia y amigos cercanos.
Pero un día, durante una fiesta infantil, de las muchas que se realizaban sin contratiempos, una pequeña niña subió a una resbaladilla, ya desgastada por el uso y el tiempo, y que por lo tanto, el resto de los niños ya no utilizaba por temor a que se desvencijara por completo. Pero ella, no advertida de ese peligro, subió las maltrechas escaleras con dificultad, y desde lo alto de la escalinata llamó a sus padres para que la vieran lanzarse.
Si bien la niña no era demasiado pesada, al dejarse caer con fuerza en el inicio de la bajada provocó que el último de los goznes que mantenía pegada la resbaladilla con la escalinata cediera, cayendo la niña desde 5 metros hasta el suelo, generando la conmoción de todo mundo.
Al llegar la ambulancia la niña estaba paralizada, no podía mover las piernas, y para su desgracia esto ya no tenía remedio.
En ese momento, los afligidos padres decidieron solicitar una explicación de lo ocurrido a los organizadores de la fiesta, quienes inmediatamente apuntaron hacia los dueños del salón donde se realizó el convivio.
Sin embargo, el salón de fiestas señaló que los juegos eran rentados y habían recibido el visto bueno de las autoridades locales.
Así, los padres iniciaron un recorrido para que alguien les indicara quien era el responsable de tan desafortunado incidente, pues no se podía culpar a la resbaladilla.
Las autoridades locales señalaron que había un departamento de Juegos y Sorteos que se encargaba de la supervisión de esos juegos; pero también otro de Seguridad para Eventos Masivos, y uno más para Reuniones en Vía Pública y/o Salones; pero también había otro encargado de supervisar las medidas en caso de contingencias imprevistas, y uno más para revisar los gastos de todos los departamentos involucrados; además de verificar lo que tuviera que decir la Contraloría, pues seguramente habría que checar la última auditoría; y también habría que preguntar al Departamento de Bomberos, que probablemente debió realizar una supervisión, y… en fin.
Mientras las autoridades definían cual de todos los departamentos era el responsable de verificar la seguridad de la resbaladilla, los padres buscaron apoyo económico para el tratamiento (de por vida) de su pequeña hija.
Entonces preguntaron a los papás de la festejada, pero ellos señalaron que debía ser el salón el que tuviera algún tipo de seguro; pero el salón señaló que era la empresa la que rentaba esa resbaladilla; la cual, por cierto tenía una dirección equivocada, pues pensaron los padres de la niña accidentada, no es posible que tenga sus oficinas en este terreno baldío; entonces, en lo que se buscaba a los accionistas o representantes de le empresa dueña de la resbaladilla, lo padres acudieron a las autoridades.
Las autoridades señalaron que debían checar con su seguro , para ver el caso; al hacerlo, los padres se encontraron con que debían comprobar con testigos, pruebas periciales y de haberlo, un video, la forma en que se accidentó la niña para poder hacer valer el seguro; así también, se revisaría que no hubieran hecho una reclamación similar anteriormente, no fuera ser que se tratara de unos defraudadores profesionales, por lo que la aseguradora tendría que entrevistar a todos los asistentes a la fiesta; habría que checar el estatus legal del salón, de la empresa arrendadora de la resbaladilla y las declaraciones y peritajes de todos los departamentos oficiales involucrados en la supervisión, para poder determinar si fue o no un accidente; porque, argumentó la aseguradora, pudo ser negligencia de los padres al dejar subir a la niña a una resbaladilla defectuosa, a la que otros niños no se subieron, por cierto.
Entre tanto, los padres tuvieron que iniciar el tratamiento de su hija y comprarle una silla de ruedas para que pudiera regresar a la escuela (pagando las terapias de su bolsillo, en espera del dictamen de la aseguradora).
A lo largo de todo este proceso, el feliz y lejano (o cercano) país en el que vivían estos pobres padres y su hija, comenzó a interesarse en la historia, debido a que algunos de los asistentes a la fiesta señalaron que la responsabilidad era de los descuidados padres al dejar a la niña subir a la resbaladilla defectuosa; otros estaban a favor de la niña, comentando que no había ningún señalamiento que advirtiera sobre el peligro; otras personas deslindaban de responsabilidad a los dueños del salón porque eran sus vecinos o familiares, y eran personas “intachables”; otros más criticaban a las autoridades por no revisar continuamente este tipo de juegos; algunos más acusaban a los legisladores por no prever estas situaciones en las leyes; los amigos y familiares de las autoridades señaladas comentaban que todo esto había sido preparado para desprestigiar al gobierno en turno; unos más señalaban que esto era producto de la facilidad para dar permisos a salones de fiestas sin demostrar que contaban con las medidas de seguridad suficientes, lo que denotaba la corrupción y por lo tanto la presencia de mafias en el gobierno; y otros más señalaban que…en fin.
Para colmo los padres no podían reinscribir a su hija a la escuela ya que había perdido demasiados días, que ya no podían recuperarse y para regularizarla se requería una dispensa especial de los departamentos de prestaciones, revalidación, programa de estudios, psicopedagogía, y otros 6 más; así como del poderoso sindicato y de las comisiones “espejo”, o sea iguales a las de los departamentos.
Además, habría que buscarle una escuela en la que se contaran con las facilidades logísticas para los discapacitados; y en este caso la escuela más cercana, con dichas características, estaba a 200 kilómetros.
Los padres solicitaron que se hicieran algunas adecuaciones en una escuela más cercana, pero ello implicaba una solicitud a la secretaría de obras de la ciudad, que la valoraría en 12 distintos departamentos, antes de pasarla a Finanzas , para que a su vez la pudiera aprobar (después de pasar por otros diez departamentos más), para que después la valorara contraloría (no vaya ser una petición fraudulenta), y finalmente pudiera llegar al alcalde, que la firmaría en el momento tan pronto regresara, pues últimamente había estado saliendo de viaje a Alemania, Inglaterra, Suiza y otros países para conocer los sistemas que permiten agilizar los trámites para la población.
Finalmente, los padres quedaron en la ruina pagando las terapias de la niña (que esperaba aún el dictamen de la aseguradora; la autorización para regresar a la escuela, y ya ni hablar de definir quién era el responsable de que estuviera ahí la desvencijada resbaladilla).
Las diferencias surgieron entre la población sobre quién era el responsable por la situación de la niña: los que organizaron la fiesta; los papás de la niña; la niña; los otros niños por no avisarle; los dueños del salón; los dueños de la resbaladilla; las autoridades que no quitaron la resbaladilla; los legisladores que no previeron estos accidentes; la resbaladilla.
Así, la armonía terminó en ese lejano (o cercano lugar) y el saludo cambió de los famosos buenos días al “yo no tengo la culpa..fue”, pues todos de una u otra forma se identificaban con este o aquel protagonista de la situación.
Por lo tanto, después de años y años en que esto continuó así, en lo único en que se pudieron poner de acuerdo fue en el nuevo nombre del país: “Bienvenidos a Yo no tengo la culpa”.
De esa forma, se eliminó la culpa, y con ello la responsabilidad. Si bien con esto las desgracias se multiplicaron, todos se sintieron más contentos pues incluso en el nombre del país se manifestaba la inocencia de todos los habitantes, y por lo tanto, alguien más (no se sabe quién) era el causante de los males del país.
Afortunadamente esto sucedió en un país muy lejano (o cercano) que no tiene que ver nada con el nuestro (cualquier parecido con hechos como el del Newsdivine, la guardería ABC, el caso Paulette, etc., etc. es mera coincidencia).
martes, 8 de junio de 2010
A TÍTULO PERSONAL: LA EVASIÓN SUPREMA
POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL
Comenzó la semana de la evasión suprema y la desilusión de siempre. El Mundial de Fútbol en Sudáfrica mueve a las masas humanas del planeta a la esperanza de un milagro en el tedio predecible de sus vidas. Un balón y veintidós jugadores son los actores de una gesta deportiva que debe de reforzar durante cuatro años más las disfunciones económicas, políticas, sociales y culturales de la Tierra. El soma de Aldous Huxley.
Por un mes, los gobiernos tienen manos libres, al menos en este lado de los trópicos, para hacer y deshacer sin que nadie diga nada que no sea el avance de la Selección en turno y los detalles de los juegos. Son cuatro semanas para robarse el edificio más grande del pueblo durante noventa minutos de fervor patrio.
Para los expertos en la manipulación mediática masiva, no es relevante ofrecer una información real de las calamidades cotidianas del lugar donde se celebrará el Mundial. El chiste es hacer la toma cerrada de lo “exótico”, el “color” y el “cliché” que como postal autorizada arribará al resto de la Sociedad Internacional. Se quiere fútbol, no clases de verdad.
Es la fiesta del balompié. Un punto de encuentro del “who’s who” internacional y un “break” merecido a las preocupaciones mundanas. En unas horas, las noticias serán deportivas y san se acabó.
En México, la Copa del Mundo, además de hacerle soñar con una corona, descansará del presidente y los achichincles que lo acompañen a la inauguración del evento y el primer partido que la “escuadra azteca” jugará con el seleccionado local. Atrás descansarán los mitotes por tener una estructura paralela de consolación en varias dependencias públicas para los perdedores de Acción Nacional, la calificación inflada de su desempeño y un largo etcétera de pendientes que nunca resolverá, eso sí, dirigidos a los que menos tienen y mentiras similares.
El resto de los poderes de la Unión, después de aprobar y desaprobar lo que les conviene y no, se moverán en el tiempo de descanso para romperle la crisma a la ciudadanía con algún acuerdo terrible, sin que esto saque del letargo a las víctimas que seguirán gritando y haciendo desfiguro y medio a modo de mostrar su lealtad a la “casaca” tricolor.
Todas las opciones de mirar el Mundial están preparadas, incluyendo la bebida (no importa que sea de mañana) y la comida, hasta en los jardines de niños la “tele” moldeará las mentes infantiles en el nacionalismo de los goles. No en balde, la publicidad y la propaganda han gastado hasta lo indecible por una exposición de mensajes a una audiencia hipnotizada.
El viernes próximo, la jornada laboral será atípica, habrá empleados, pero organizados alrededor de un aparato electrónico que les informa cómo va el juego.
Hay excitación en el ambiente. Queremos fut. Lo demás es irrelevante. Y más le vale a Javier Aguirre, el Director Técnico de los seleccionados, que no haga el oso porque tiene que demostrar que México, por la suerte de una pelota, es el país del sí se pudo.
En lo que toca a los DODOS, el Dodo Panbolero ya se instaló en el sitio más apropiado de la redacción con todo lo indispensable para vivir hora a hora el desarrollo de la Copa del Mundo, agarrando al Dodo de Guardia como redactor de sus atinados comentarios al respecto y exigiendo que sea nota destacada en nuestro blog.
El resto de las aves, si las leen, seguirán aventado cocotazos de realismo y aguardando la eventual retroalimentación de algún Dodofan o Dodolector que prescinda de la “justa mundialista”.
En unas semanas veremos cuánto costó la evasión.
Comenzó la semana de la evasión suprema y la desilusión de siempre. El Mundial de Fútbol en Sudáfrica mueve a las masas humanas del planeta a la esperanza de un milagro en el tedio predecible de sus vidas. Un balón y veintidós jugadores son los actores de una gesta deportiva que debe de reforzar durante cuatro años más las disfunciones económicas, políticas, sociales y culturales de la Tierra. El soma de Aldous Huxley.
Por un mes, los gobiernos tienen manos libres, al menos en este lado de los trópicos, para hacer y deshacer sin que nadie diga nada que no sea el avance de la Selección en turno y los detalles de los juegos. Son cuatro semanas para robarse el edificio más grande del pueblo durante noventa minutos de fervor patrio.
Para los expertos en la manipulación mediática masiva, no es relevante ofrecer una información real de las calamidades cotidianas del lugar donde se celebrará el Mundial. El chiste es hacer la toma cerrada de lo “exótico”, el “color” y el “cliché” que como postal autorizada arribará al resto de la Sociedad Internacional. Se quiere fútbol, no clases de verdad.
Es la fiesta del balompié. Un punto de encuentro del “who’s who” internacional y un “break” merecido a las preocupaciones mundanas. En unas horas, las noticias serán deportivas y san se acabó.
En México, la Copa del Mundo, además de hacerle soñar con una corona, descansará del presidente y los achichincles que lo acompañen a la inauguración del evento y el primer partido que la “escuadra azteca” jugará con el seleccionado local. Atrás descansarán los mitotes por tener una estructura paralela de consolación en varias dependencias públicas para los perdedores de Acción Nacional, la calificación inflada de su desempeño y un largo etcétera de pendientes que nunca resolverá, eso sí, dirigidos a los que menos tienen y mentiras similares.
El resto de los poderes de la Unión, después de aprobar y desaprobar lo que les conviene y no, se moverán en el tiempo de descanso para romperle la crisma a la ciudadanía con algún acuerdo terrible, sin que esto saque del letargo a las víctimas que seguirán gritando y haciendo desfiguro y medio a modo de mostrar su lealtad a la “casaca” tricolor.
Todas las opciones de mirar el Mundial están preparadas, incluyendo la bebida (no importa que sea de mañana) y la comida, hasta en los jardines de niños la “tele” moldeará las mentes infantiles en el nacionalismo de los goles. No en balde, la publicidad y la propaganda han gastado hasta lo indecible por una exposición de mensajes a una audiencia hipnotizada.
El viernes próximo, la jornada laboral será atípica, habrá empleados, pero organizados alrededor de un aparato electrónico que les informa cómo va el juego.
Hay excitación en el ambiente. Queremos fut. Lo demás es irrelevante. Y más le vale a Javier Aguirre, el Director Técnico de los seleccionados, que no haga el oso porque tiene que demostrar que México, por la suerte de una pelota, es el país del sí se pudo.
En lo que toca a los DODOS, el Dodo Panbolero ya se instaló en el sitio más apropiado de la redacción con todo lo indispensable para vivir hora a hora el desarrollo de la Copa del Mundo, agarrando al Dodo de Guardia como redactor de sus atinados comentarios al respecto y exigiendo que sea nota destacada en nuestro blog.
El resto de las aves, si las leen, seguirán aventado cocotazos de realismo y aguardando la eventual retroalimentación de algún Dodofan o Dodolector que prescinda de la “justa mundialista”.
En unas semanas veremos cuánto costó la evasión.
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