domingo, 7 de septiembre de 2008

MARASSA: ¡Juventud, divino tesoro! Y México, un pueblo que envejece


POR: Ana Laura Domínguez


Hace algún tiempo la expectativa de vida se promediaba entre los 60 y 70 años. Ahora no se sabe a ciencia cierta, pero es mucho más que eso. Lo único verdaderamente cierto, es el triunfo del Sector Salud y de los avances médicos, que le prolongan la existencia al ser humano hasta pasados los 85 años, aunque la mayoría de las veces, no sea con una verdadera calidad de vida.

Gracias a la las ultimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e informática (INEGI), se estima que México cuenta con una población de 106,7 millones de personas, de las cuales, actualmente, nueve millones son de la tercera edad. Se pronostica que para el año 2050 esa cifra se elevará a 34 millones de ancianos. Esperemos que la ciencia no nos mantenga respirando para presenciar tal horror.

En realidad podríamos decir que fue el gobierno mismo quien de alguna u otra forma, propició el envejecimiento de su pueblo.

Por un lado, cómo olvidar todas aquellas campañas “publicitarias” tanto de organismos gubernamentales como del sector privado, en donde incitaban a la población a tener menos hijos porque la explosión demográfica nos estaba rebasando. Ya éramos muchos. Los anuncios referentes a los métodos anticonceptivos estaban en pleno apogeo así como las campañas del Sector Salud para el control de la natalidad.

Y todo el mundo hizo caso. Durante por lo menos un par de décadas, las parejas, casadas o no, no tuvieron descendencia y por mucho, engendraron solamente un hijo.

Ahora en países como España y Japón, el gobierno les paga a los ciudadanos para que tengan hijos. El mundo envejece de una manera acelerada y lamentable. Seguimos siendo muchos, pero viejos. La taza de mortalidad ha disminuido considerablemente.

Y es que en eso de la “natalidad”, los ciudadanos estamos contra la espada y la pared. Por más buena voluntad, gusto y deseo que se tenga para procrear, debe uno contemplar aspectos muchísimo más importantes que el simple placer de cambiar pañales. La economía del mexicano promedio es un factor preponderante en esta toma de decisiones. Los hijos son para toda la vida, o por lo menos para la mitad de ella según se sabe. El aspecto educativo es el más importante. Los países no solamente necesitan gente joven, sino jóvenes bien preparados para que puedan salir adelante como individuos y a la vez, logren o intenten hacer crecer a su país. Este es un gran reto para los padres. La disyuntiva entre el pago de colegiaturas con cantidades estratosféricas de dinero o el volado de las escuelas de gobierno; sobre todo a nivel primaria, en donde el inglés como segundo idioma brilla por su ausencia, privando a los niños de una de las mejores armas con las que contarán en su vida adulta.

El convertirse en un país de viejos no es nada alentador. La economía de la nación puede tambalearse con un porcentaje tan alto de la población que ya no está en edad productiva.

Antes se decía que la persona de la tercera edad, era la voz de la experiencia, de la sabiduría. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Ahora es difícil conseguir empleo a partir de los 40 años, porque está uno “viejo” para el mercado laboral.

Algunas cadenas de supermercados le dieron la oportunidad al adulto mayor, contratándolos como empacadores en las cajas registradoras. Los famosos y bien conocidos “cerillos”, son personas de la tercera edad, hombres y mujeres. Es un avance y una gran ayuda y buena voluntad, pero no resuelve nada. En su mayoría son personas que no rebasan ni los 70 años.

El problema real está en las personas de más de 70 años, unas de ellas enfermas o con alguna discapacidad, que no pueden incursionar en el mundo laboral, aunque se les brinde una pequeña oportunidad y sobre todo, en que la población actual de jóvenes y adultos jóvenes, dentro de unas cuantas décadas serán los amos del país (y posiblemente del planeta) simplemente por ser mayoría, no habiendo gente joven y/o niños para sustituirlos.

México por lo menos no está preparado para enfrentarse con una problemática de esta índole. No se trata de alcanzar la máxima longevidad en el ser humano, sino saber afrontarla, tener conciencia de ésta, prepararse en materia laboral para darle cabida a los hombres y mujeres de más de 70 años y hacerlos personas productivas.

Tampoco se trata de volver a épocas antiguas y formar familias de más de cinco miembros, sin tener los recursos económicos para brindarles a los hijos una buena educación y ofrecerles un futuro promisorio.

Los factores económicos, políticos, sociales, culturales y educativos son piedras angulares en la recuperación de un país y también pueden convertirse en fuertes rocas que obstaculicen su crecimiento si no se les pone la debida atención.

El envejecimiento de un país no solamente se ve representado por la edad biológica de sus habitantes, también por su edad mental.

El problema está latente y ávido de soluciones y no creo que solamente un Centro Geriátrico Especializado, logre reparar el daño que ya tiene el México viejo.

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